Annonymous Animals (Francia, 2020) es un largometraje de Baptiste Rouveure, donde el director utiliza los paisajes de la campiña francesa para crear un universo siniestro donde reina la crueldad.
Se han invertido los roles entre los humanos y los animales y son los humanos quienes son enviados a un matadero para ser convertidos en alimento.
No hay espacio para la esperanza y la vida es mostrada de la manera más cruda y sin explicaciones.
Los animales son presentados como los dioses egipcios: antropomórficos, con cuerpo humano y la cabeza del animal. Entre los animales hay un perro que organiza “peleas de humanos”, un buey que trabaja en el matadero y un ciervo que caza humanos.
El filme jamás oculta que es una alegoría del trato que reciben los animales por parte de los humanos y el mensaje se da a través de las imágenes, sin diálogos: directo a la yugular.
La fortaleza de la película radica en el excelente trabajo de los fotógrafos Kevin Brunet y Emmanuel Dauchy, logrando mostrar un paisaje azul, lúgubre y con una neblina que busca envolver el lugar constantemente. La neblina se siente como la barrera que cruza el espectador para llegar a ese mundo onírico.
La película dura apenas una hora y aún así se siente lenta; se pudo beneficiar de una duración más corta, pero logra dar su mensaje sin caer en pregones baratos.
