A finales de octubre, Frances Quinlan lanzó un primer adelanto de este nuevo álbum con “Rare Thing”, una agradable canción que hacía brillar el carácter independiente y multifacético de la artista.
Hoy tenemos en nuestras manos la totalidad de Likewise, un material que se nos revela como un álbum que definitivamente marca el inicio de un estilo propio: suave, colorido, con una considerable diversidad instrumental y una profunda carga emotiva.
Como sabemos, Frances siempre se ha caracterizado por ser una mujer verdaderamente creativa, versátil e independiente. La música le apasionó desde muy temprana edad y comenzó a crear, grabar y producir sus propias canciones cuando no era más que una adolescente.
La artista comenzó a ser reconocida en el mundo indie gracias a que, junto con su hermano Mark, formó parte de la banda Hop Along, que tuvo sus orígenes alrededor de 2010: Frances era la mente maestra detrás de casi todas las canciones, que podían tratar temas serios y delicados, o bien, tener música realmente alegre y animada. El espectro de posibilidades era amplio.
Frances Quinlan, sin embargo, decidió tomar otro rumbo y ahora Likewise se ha convertido en el primer álbum de larga duración lanzado bajo su nombre.
De inmediato podemos notar que este nuevo material se ubica en una línea similar a la que siguen otras artistas talentosas como Frankie Cosmos: canciones breves, voces aterciopeladas y suaves de registro alto, melodías dulces y letras intimistas sobre emociones y experiencias. Tal es el caso de canciones como “Your Reply”, donde Frances canta acompañada de piano, sintetizador y guitarra acústica acerca de esperar la respuesta a una carta.
Lo mismo ocurre con piezas como “Went to LA”, “A Secret” y “Lean”: nos encontramos ante baladas dulces, con base de guitarra acústica y guiadas por la voz suave y aguda de Frances Quinlan. Por lo menos, esa es la primer impresión que nos llevamos del álbum. Si ponemos un poco más de atención en algunas de sus canciones, nos daremos cuenta de la sutil presencia de arreglos novedosos y estructuras un tanto inusuales: en “Lean”, por ejemplo, hay un acompañamiento de cuerdas con un efecto un tanto caótico y desafinado.
“A Secret”, por su parte, también tiene algunas breves pausas de muy bajo volumen, y en esos momentos, se genera una sensación de expresivo silencio.
Ahora bien, son determinados tracks en el álbum los que manifiestan esta capacidad de Frances Quinlan para explorar nuevos horizontes y hacer de sus canciones piezas con un estilo más flexible, colorido y creativo. Tal es el caso de “Detroit Lake”, que rompe cualquier tipo de monotonía desde el primer segundo con un particular inicio de sintetizador, el cual simula un ensamble de cuerdas que se interrumpe. Simultáneamente, y conforme avanza la canción, se suma el acompañamiento de otras melodías electrónicas. Definitivamente, esta es una de las piezas más fuertes de Likewise.
Resulta muy afortunado que “Now That I’m Back” y “Carry the Zero” sean las últimas canciones del álbum, pues al mismo tiempo que logran generar un contraste entre sí, ambas cuentan con una fuerza expresiva innegable que condensa esta capacidad para la reinvención junto con la línea general del álbum: la primera recurre a cierta distorsión en el sonido para dibujar una atmósfera un poco más oscura y la segunda, con sus numerosos adornos electrónicos, crea un ambiente colorido y un poco más animado.
Sin duda Frances Quinlan es una artista realmente talentosa y flexible: Likewise es la prueba de ello.
