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Isla de perros: reseña

por Roberto Fco. Ponce

La nueva película de Wes Anderson, Isla de perros (Alemania, EUA, 2018), es un deleite visual, conmovedor, divertido y muy perruno.

El corrupto alcalde japonés Kobayashi (Kunichi Nomura), un amante de los gatos, da la orden de desterrar a todos los perros de la ciudad Megasaki City a la Isla de la Basura, para prevenir la propagación de un peligroso virus canino.

Atari (Koyu Rankin), un niño de 12 años, quien es sobrino de Kobayashi, viaja en avioneta hasta este lugar desolado para buscar a su mejor amigo y perro guardián, Spots (Liev Schreiber), el primer canino en ser exiliado. Al llegar, Atari se encuentra con una jauría de perros que lo ayudan en su viaje.

Esta banda canina la integran Boss (Bill Murray), Rex (Edward Norton), King (Bob Balaban), Duke (Jeff Goldblum) y Chief (Bryan Cranston), el único miembro “callejero” y realmente salvaje.

La Isla de la Basura es en esencia un lugar decadente sin esperanza, que nos recuerda escenarios apocalípticos como los de Mad Max o Blade Runner.

Lo triste aquí es que este tiradero es habitado por el mejor amigo del hombre, un detalle argumentativo que conmueve a quienes somos amantes de los perros.

Isle of Dogs es el segundo largometraje animado en stop motion de Wes Anderson después de Fantastic Mr. Fox (EUA, 2009), y contiene todos los elementos cinematográficos del director tejano.

En primer lugar, el recurso de la fotografía bella y estéticamente bien lograda que caracteriza a las películas de Wes Anderson. En esta ocasión se inspira en los simbolismos de la cultura japonesa. A lo largo del filme vemos diferentes guiños a las tradiciones de la sociedad nipona, pasando por la arquitectura y la comida, hasta alcanzar las estructuras políticas y las expresiones artísticas.

En una de las escenas aparece el grabado “La gran ola de Kanagawa” que pintó el predecesor de las historietas o manga, Katsushika Hokusai. No podemos olvidar que este país es históricamente un referente mundial para la creación de cómics, series animadas y universos fantásticos, y qué mejor que inspirarse en estas técnicas para la creación de una película en stop motion.

Isle of Dogs cuenta la historia de personajes adorables que se involucran en una aventura de amistad, y que buscan la supervivencia frente a las múltiples formas de corrupción humana. La propaganda política como un elemento de manipulación y control del pueblo es un elemento eje de la narrativa en la película.

Wes Anderson vuelve a triunfar con su calidad y talento para hacer un producto de  animación entretenido y exitoso. No nos queda más que agradecer cada uno de los hermosos encuadres de esta cinta, que nos enseña sobre la bondad y el cariño que existe entre humanos y perros.

 

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