por Sury Attie Mansur
Las series de televisión Unorthodox y Shtisel son una ventana al mundo de los judíos ultraortodoxos o jaredíes. Están bien documentadas y son un mirador por donde podemos ver cómo se organizan estas comunidades, sin embargo, las dos son muy diferentes entre sí.
Los jaredíes son una colectividad judía ultraortodoxa con presencia principalmente en Israel y Estados Unidos. Viven en congregaciones cerradas, en barrios aislados y tienen sus propias escuelas. No son sionistas e incluso se oponen abiertamente a la existencia del Estado de Israel. La principal actividad de los hombres en estas comunidades es el estudio de los textos religiosos del judaísmo.
Son una sociedad tradicional (Godoy, 2005). Como tal, son comunidades teocráticas y su organización es piramidal. En el vértice está el rebbe, que el líder de la comunidad. Él lo regula todo: en lo religioso por lo que dicen los libros, y en lo no religioso por la fe en su sabiduría (Heilman, 2010). No utilizan internet o teléfonos inteligentes. En la vida diaria estas comunidades son doblemente estigmatizadas: por ser judíos y por ser un ejemplo de sociedad tradicional.
En la trama de las series, Shtisel presenta los ritos judíos al margen del argumento. Los personajes se mueven siempre dentro de los límites de esa sociedad tradicional, pero saben que hay un mundo fuera. En esta serie se muestra el día a día, sin hacer juicios de valor a la comunidad jaredí. La cotidianidad gira en torno a la ley judía, pero en ningún momento se hace énfasis en la práctica de los ritos religiosos. Ellos deciden mantenerse acotados a sus usos y costumbres.
Son conscientes de las alternativas de la sociedad moderna. Akiva no puede decidir si quiere ser fiel a su vocación de pintor o debería ser maestro de la escuela o yeshiva, en la que trabaja su papá. Por otro lado, está indeciso y no sabe cual es la mejor opción para elegir una compañera para contraer matrimonio.
Con respecto a la representación de los ritos religiosos en la serie, en algún momento olvida un día ponerse las filacterias o tefilin. Esta omisión lo conflictúa fuertemente, sin embargo, es una situación circunstancial en la trama, no es un hito.
Son tan conscientes del abanico de posibilidades del mundo moderno que Lippo, en lo que parece ser un viaje de trabajo a Argentina, considera abandonar a “nombre”, su mujer. Ésta, despechada, sopesa la alternativa de interrumpir su embarazo. Al final, de acuerdo a sus usos y costumbres, él regresa a casa y ella no interrumpe su embarazo.
En Unorthdox, los personajes de Esty y su marido, son sujetos cándidos e inocentes que pareciera que no tienen idea de nada de lo que sucede afuera de su entorno inmediato. No hay matices; todo es blanco o negro. La ingenuidad de los personajes es un pretexto para poner en contraste de manera maniquea a los buenos de la sociedad moderna contra los malos de la sociedad tradicional. Los muchachos, estudiantes de música, son inmediatamente empáticos, incluyentes y compasivos, mientras todos los religiosos ultraortodoxos que buscan a la chica son egoístas y despiadados.
En esta serie representan ritos judíos desde una perspectiva que los descalifica. El baño ritual de purificación o Mikve al que entra Esty antes de su matrimonio pareciera ser una experiencia traumática y siniestra. La verdad es que para las mujeres y los hombres que tienen la costumbre de sumergirse en ella es todo lo contrario.
Señalamos a las sociedades tradicionales por no aspirar al ideal utópico de libertad e individualidad de las sociedades modernas/posmodernas. Hay sociedades en donde el amor romántico no es la opción, no digo que esté bien, pero es su decisión.
Sin embargo, dentro del límite y respeto de los derechos humanos todas las comunidades tradicionales tienen derecho a organizarse según su manera de entender el mundo y al autogobierno según usos y costumbres. Al final de cuentas, dentro de su cosmogonía, están convencidos de que lo que hacen está encaminado al bien común.
Lo que es discutible, es la autonomía que tienen los individuos que pertenecen a las sociedades tradicionales para decidir sobre su deseo de pertenencia a éstas, y la coerción del grupo para forzarlos fáctica o psicológicamente a no voltear a otros lados.
En México la ley reconoce los usos y costumbres como forma de organización y autogobierno. Son ejemplo de sociedades tradicionales, teocráticas y de organizaciones piramidales algunas comunidades originarias como los Chamulas en Chiapas o los Menonitas en Chihuahua. Igualmente, se reconoce el derecho de autogobierno en los pueblos llamados Caracoles y Juntas de Buen Gobierno de las comunidades autónomas Zapatistas.
Las diferentes comunidades jaredíes tienen el mismo derecho de auto organización y autogobierno, como cualquier comunidad que así lo decida. Viven cerrados en sí mismos, se rigen a sí mismos según sus usos y costumbres. Y, como todos los demás, merecen todo nuestro respeto. No agreden a nadie y están replegados porque en épocas muy recientes han sufrido el terror y el exterminio.
Si le interesa es ver una película de princesas que vive en la opresión y se emancipan en un final feliz hay que ver Unorthodox, pero si les interesa conocer la vida cotidiana de una familia ortodoxa en donde no hay juicio de valor, vean Shtisel.
Bibliografía Heilman, S., & Friedman, M. 2010. The Rebbe: the life and afterlife of Menachem Mendel Schneerson. Princeton University PressPope Godoy, 2005. Iglesia en las sociedades modernas en Revista Tiempo de Hablar octubre- diciembre.

1 comment
Excelente visión del mundo jaredíe, ni sus comunidades son oscuras y opresivas como plantea Unorthodox, ni el mundo moderno es tan alegre y perfecto como nos lo han querido vender. En el mundo moderno perdemos comunidad y seguridad a cambio de un poco de libertad sin tampoco terminar de entender qué es la libertad.