por Jerónimo Arellano Zandi
[av_dropcap1]A[/av_dropcap1] las 21:10 horas, los altavoces del Palacio de los Deportes retumbaron con la voz del ex primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, en su discurso conocido como “We shall figth on the beaches”, antesala de la primera canción de la noche, “Aces High”: El explosivo sonido de las guitarras de Janick Gers, Adrian Smith, y Dave Murray inauguraron lo que iba a ser una noche de pasión y éxtasis.El pasado 27 de septiembre, el legendario grupo británico Iron Maiden, cautivo a más de 21,000 seguidores que llenaron el Palacio de los deportes en su totalidad, la mayoría portaban sus playeras con imágenes de Eddie, la mascota del grupo que figura en todas las portadas.
Iron Maiden tocó éxitos de casi toda su larga trayectoria, y al tocar The Trooper, el vocalista Bruce Dickinson salió al escenario y agitó la bandera de la Gran Bretaña y México.
La gente no pudo ocultar su emoción al ver la destreza de Steve Harris con el bajo, y de Nicko McBrain tocando la batería como si su vida dependería de ello.
Fear of the Dark y Number of the Beast fueron de los temas más coreados previo a la euforia del encore que fue de tres canciones. El grupo cerró con Run to the Hills alrededor de las 23:00.
La velada reunió a seguidores de todas las edades, “chavorucos”, “jóvenes” y padres con sus hijos, pasando la antorcha a la nueva generación de fans de Iron Maiden.
Fue un lleno total en el Palacio, que lamentablemente no es el mejor sitio en cuestiones de acústica ya que a veces se perdía la voz de Dickinson en la cacofonía, pero eso no incomodó a los miles de seguidores que disfrutaron el concierto.
Las presentaciones en nuestra ciudad forman parte del Tour: Legacy of the Beast.
