Ok, está bien, la ópera prima de Gabriela Ivette Sandoval, escrita y protagonizada por Roberto Andrade, nos presenta a Mariano, un “adolescente” de 29 años que vive con su mamá (Gabriela de Corzo), hace seis años se graduó como guionista, pero no ha escrito nada, ya que prefiere pasar todo su tiempo viendo películas, según él, para seguir aprendiendo. Su monótona y mediocre vida, cambia por completo cuando llega a vivir con ellos Ramiro (Ángel Alvarado), su primo de quince años.
Con la primera secuencia, Sandoval establece de manera rápida y sencilla gran parte del mundo de Mariano, y muestra de manera concisa, que la película está fuertemente influenciada por Woody Allen, específicamente por Manhattan (1979), pues además de contarnos la historia de un escritor frustrado, nos presentar parte de la CDMX y su cultura, al ritmo de Rhapsody in Blue de George Gershwin, sin embargo, nunca es una copia de la cinta de Allen.
La mayor diferencia es la manera en que nos presentan a los adolescentes. Mientras Allen dota a Tracy (Mariel Hemingway), del nivel de madurez y empatía que se esperaría de los adultos que la acompañan, Andrade opta por mostrarlos como son: llenos de dudas, inseguridades y buscando un lugar al cual pertenecer.
Técnicamente estamos ante un coming of age de lo más sui géneris, ya que el protagonista, aunque ya es un adulto, mentalmente es un adolescente, y el final queda abierto a la interpretación del espectador, dejándolo decidir si Mariano madurara o no con lo vivido.
Pero el guion no se limita a hablarnos de cómo es Mariano, también nos dice el origen de su comportamiento de manera implícita, al mostrarnos a su madre cumpliéndole todos sus caprichos y consintiendo su inútil vida, con tal de tenerlo contento y mantener su relación codependiente, rasgo presente en varias madres mexicanas y que es retratado de manera precisa, pero sin juzgar.
El humor negro es usado de manera inteligente y permite al espectador presenciar todas las atrocidades que realiza Mariano riendo, pero sin justificarlo —nunca volverán a escuchar igual el tema de Patas Verdes de Odisea Burbujas— e incluye una divertida critica a muchos miembros del medio y cinéfilos, ante la actitud esnob con la que tratan de mostrar cierta superioridad por sus conocimientos sobre cine.
Es de agradecer que, aunque cuenta con pocas locaciones, la película no caiga en el lugar común de la Roma y/o Condesa, y prefiera mostrarnos el tianguis del Chopo, con todo y cameo del difunto Juan Heladio Ríos Ortega y la unidad habitacional Tlatelolco, conectándola de manera tangencial con Temporada de Patos (Eimbcke, 2004), otro coming of age nacional en blanco y negro.
En muchas entrevistas, Andrade, mejor conocido como el “tío Rober” dentro de la escena del stand up y podcasts, ha declarado que los directores deben darle más importancia al guion y tener en cuenta a quien lo escribió. Con esta película lo demuestra, ya que tuvo la suerte de hacer mancuerna con alguien tan talentosa como Sandoval, quien además de escucharlo, supo cómo darles el tono correcto a sus actores, y resolver la situación más polémica de la cinta de la manera más natural y sin traicionar a la historia.
