Reseña: Be the Cowboy, un gran álbum de Mitski

por Paty Rodríguez

La música de Mitski Miyawaki es una de las propuestas más brillantes de los últimos años dentro del indie. Su último álbum de estudio, Be the Cowboy, lanzado hace poco más de dos meses, es un material excelente que no puede pasarse por alto.

Mitski demuestra en cada uno de sus trabajos la preparación musical que recibió en la universidad. No es solamente la calidad de su voz o su desempeño en instrumentos como el piano y la guitarra, sino sus composiciones: se nota que conoce a la perfección los mecanismos para construir armonías y melodías que responden al efecto emotivo que busca transmitir, sin caer en lo tedioso o academicista.

Be the Cowboy se dibuja como un disco pop muy complejo que, si bien no consideraríamos como un álbum conceptual como tal, sí nos da a entender una cierta cohesión tanto en el aspecto musical como en el temático, relacionando a veces las perspectivas de la vida del artista y los sentimientos de soledad, furia, amor-desamor y ansiedad. Cada una de las canciones fue escrita y compuesta por la misma Mitski, y la naturaleza del álbum nos da una sensación de cercanía con la artista.

El primer track (“Geyser”), se siente como una suerte de introducción a todo el álbum. Sus arreglos iniciales de órgano y cuerdas generan una atmósfera de grandilocuencia que Mitski sostiene con su voz, sumamente expresiva y mínimamente modificada con efectos de estudio, para pasar a una explosión de energía hacia la última parte de la canción. Mitski ha dicho en entrevista con NPR que, a diferencia de otras canciones suyas donde la letra presenta una mayor historia o narrativa, “Geyser” es “puro sentimiento” que gira entorno a su pasión por la música y su intenso deseo por escribir canciones.

Es esta pasión la que caracteriza a todas las piezas que componen Be the Cowboy. Cada una de ellas se desarrolla, casi siempre, en menos de tres minutos, pero eso resulta suficiente para desplegar un abanico de arreglos brillantes e ideas concretas en sus letras. Por ejemplo, “A Pearl“, una de las canciones más poderosas del disco, en tan sólo dos minutos con treinta y siete segundos logra expresar toda la angustia de estar — y al mismo tiempo, de abandonar—, en una relación tóxica, mediante acordes distorsionados de guitarras y una voz con una gran presencia.

Be the Cowboy, tiene puntos altos que irradian energía y furia, como la misma “A Pearl”, o Remember “My Name”, donde la voz poética canta los intensos deseos de un artista, que ha vaciado tanto su corazón, por alguien que lo ame y “recuerde su nombre”, acompañada de un beat rockero que acentúa la intensidad.

Al mismo tiempo, el disco tiene momentos más melancólicos, sobre todo a partir de la segunda mitad, como la suave “Come Into the Water“, con arreglos que de hecho dan el efecto líquido y étereo del agua, o la última “Two Slow Dancers“, una pieza enormemente nostálgica sobre dos personas que se amaron en la adolescencia reencontrándose, con música sobrecogedora y un tanto triste.

Mitski declaró que el nombre del álbum tenía su origen en una frase que ella solía decirse a sí misma: “Sé el vaquero que quieres ver en el mundo”, inspirada en un artista de su universidad que tenía “una suerte de contoneo de vaquero en el escenario”, al cual disfrutaba de ver en vivo y admiraba mucho. Su idea  de “ser el vaquero” (Be the cowboy) se refiere a ser aquello que admiras. Y puede decirse que lo logró, porque por su calidad y por su verdadero despliegue de sensibilidad y sinceridad, este álbum es un material digno de ser admirado.

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