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Cuando Han se convirtió en Solo

por Concepción Moreno

Hay algo que le falta a Solo: una historia de Star Wars. No es peligrosa. Es, de hecho, una cinta muy tímida, apenas diversión familiar. Y no lo digo en demérito de la cinta. Es de verdad una película muy divertida, puro entretenimiento con persecuciones y aventuras como debe ser en cada película de Star Wars. Pero, ay, algo falta.

Han Solo es por muchas razones el corazón de la saga. No es un jedi ni un sith, pero es el personaje más carismático de toda la historia. Harrison Ford hizo inmortal esa sonrisa de lado, del que sabe que la fortuna estará siempre a su lado, y si no, que se joda la fortuna que él siempre tendrá a su nave que huye a velocidad de la luz. Ese es Han Solo: el pirata que vuela precisamente a su aire y que en realidad tiene un soft spot por la rebeldía y el heroísmo.

Eso es lo que falta en esta nueva historia que narra las aventuras juveniles de Han: el cinismo, la arrogancia, ese aire superior a las circunstancias que supo darle Harrison Ford. (Por cierto, Han se apellida Solo porque no tiene familia, fue soldado del Impero y conoció a Chewbacca en las peores circunstancias).

En esta exploración del pasado del personaje nos encontramos a un muchacho cara limpia e ingenuo cuyo único sueño es volar una nave ¿todos los personajes de Star Wars quieren ser pilotos? Tal parece que sí.

Quizá el cast de Alden Ehrenreich como Han no fue el mejor. Verán, el actor se parece mucho a un joven Ford pero carece de su audacia, a pesar de que lo vemos huir una y otra vez para salirse con la suya. Pero el carisma no está presente. Queremos echarle porras pero sabemos que es un gesto vacío. Al fin y al cabo ya sabemos que Han va a sobrevivir.

Son los personajes que lo rodean los que hacen que la película valga la pena. Emilia Clarke, de fama por la serie Game of Thrones, es Qui’ra, el primer amor de Solo, una mujer que guarda dentro de sí misma más de lo que salta a la vista.

Como esta es una película de Star Wars contemporánea y a Disney le urge acercarse al público femenino, por supuesto que las mujeres tienen un papel esencial. Por ejemplo, conocemos a la primera droide femenina, L3, el personaje que a mí gusto roba más cámara. Es una robot emancipada que lucha por la libertad de los demás droides. Es un giro interesante a universo de la serie. Por muy adorables que sean C-3PO o R2-D2 no dejan de ser objetos al mando de humanos. L3, copiloto de Lando Calrlissian —interpretado por el muy de moda Donald Glover, alias Childish Gambino—, está hecha de una pasta diferente. Es casi una revolucionaria al estilo zapatista. Los droides han de ser libres o no son.

Han Solo: una historia de Star Wars no hace revelaciones especiales. Hay guiños a los fans, por supuesto. En algún momento Lando le dice a Han: “Te odio”. Han contesta: “Lo sé”, una referencia obvia al famoso intercambio futuro entre él mismo y la princesa Leia.

Desde luego, la cinta está llena de planetas y criaturas, la galaxia muy muy lejana no tiene confín, pero siempre hay una cantina y el Imperio reina con sus mismos Stormtroopers y los mismos villanos.

Darth Maul, el antagonista del Episodio I, aparece para tratar de darle coherencia a la historia, insertarla en el canon de la serie. Se siente totalmente innecesario; si algo podemos disfrutar de estas historias antecedentes del cuerpo mítico que conforma Star Wars es que pueden darse libertades y profundizar en los personajes periféricos. Esta es, finalmente, una historia sin jedis. Deschónguese un poco, señor Ron Howard (quien lleva los pedales de esta cinta).

En resumen, una película divertida, nada sorprendente y un tanto decepcionante para quien esperaba saber más de Han.

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