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Me gustaba Star Wars antes de que fuera Cool

Pablo Benlliure  comparte su punto de vista sobre toda la saga de Star Wars y Los últimos Jedi.

Aunque parezca difícil de imaginar, no hace mucho tiempo, cuando Star Wars no había sido adquirido por Disney, si te gustaba la saga era signo de que eras una extraña criatura que vivía en el sótano de sus padres.

Fruto de esa época, las dos legendarias trilogías vieron la luz, es decir los episodios que van del IV al VI y del I al III, o como se les llamaría más adelante: las originales y las precuelas, respectivamente.

Las originales comenzaron con el Episodio IV en 1977, el cual cuenta la historia de Luke Skywalker, un joven que vive con sus tíos en el remoto y desértico planeta de Tatooine hasta que un día encuentra un droide que tiene un mensaje para un antiguo maestro Jedi llamado Obi-Wan Kenobi,un mensaje de la Princesa Leia quién pide ayuda tras haber sido capturada por el malvado Imperio Galáctico. Es aquí el momento en el que su verdadera aventura comienza; Luke y Kenobi deben encontrar una manera de infiltrarse en la nave que mantiene cautiva a Leia, rescatarla y destruir el arma definitiva del Imperio: La Estrella de la Muerte.

El Episodio IV fue la película que comenzó la franquicia y el reino de Star Wars, sobre todo en el mundo nerd. Esta película dejó boquiabiertos a todos en su estreno. Los efectos especiales nunca vistos, su maravilloso argumento y su potencial cimentaron la infancia de incontables chavales de todos los rincones del mundo que soñaban con aprender los caminos de la Fuerza y transformarse en legendarios caballeros Jedi como sus nuevos héroes.

Cada aspecto de esta película es bueno, los personajes, los diseños, la historia de este nuevo mundo… Todo ello perfectamente hilvanado por la oscarizada banda sonora de John Williams, probablemente uno de los mejores compositores de la historia del cine. No hay un solo motivo para no ver este Episodio IV.

Tres películas y veintidós años después ocurrió el milagro: una nueva película de Star Wars iba a estrenarse. Todo el mundo estaba entusiasmado.

Los antiguos fans estaban pletóricos, no solo por poder conocer a la generación anterior de sus héroes sino también por tener a toda una nueva generación de personas que crecerían y llegarían a sentir el mismo cariño hacia Star Wars que ellos.

Todo esto para que el Episodio I destruyera las esperanzas de los fans gracias a 136 minutos de diálogos dolorosamente malos, molestos personajes y, lo más insultante de todo, unos efectos especiales que de alguna manera eran menos creíbles que los exhibidos dos décadas atrás.
La única cualidad capaz de redimir a esta película era, de nuevo, una maravillosa banda sonora de la mano de John Williams, la única persona que hizo bien su trabajo en esta cinta.

El argumento es tan mediocre como uno pueda imaginarse: debido al complejo politiqueo espacial, Qui-Gon Jinn y Obi-Wan tienen que negociar un irrelevante acuerdo, el cual resulta ser una trampa y tratan de escapar en su nave pero a pesar de conseguirlo, ésta resulta dañada y terminan en Tatooine donde conocen al pequeño Anakin. El joven está esclavizado junto con su madre en una tienda de repuestos y convenientemente también es el elegido para devolver el equilibrio a la Fuerza, signifique lo que signifique esa frase, ya que es tan vaga que los fans aun tratan de interpretar su significado. Tras esto los Jedis tratan de negociar la libertad de Anakin mientras reparan su nave. En resumen, una mala película cuyo único atractivo es existir bajo el nombre de Star Wars.

Ahora la verdadera cuestión es: ¿Será Disney capaz de aprender de los errores que otros en su lugar cometieron en el pasado o es su trilogía el último clavo en el ataúd de nuestras esperanzas? Bueno, la respuesta probablemente va a ser algo más gris que eso, y el Episodio VIII recién estrenado es la prueba.

Al comienzo de esta cinta, la Primera Orden ha diezmado las fuerzas de la Rebelión hasta unas pocas naves, a las que poco a poco se les acaba el combustible mientras son perseguidas. Pocas son las posibilidades de escapar. Mientras tanto, Rey trata de convencer al anciano maestro Luke Skywalker de que la adiestre para poder finalmente desbloquear todas sus habilidades gracias a la fuerza.

Los efectos especiales en esta entrega son lo mejor que puedes esperar de una de las compañías más poderosas de la industria del entretenimiento, no solo eso, sino que son bastante originales con su uso del color y las visuales. Además los nuevos personajes prometen tener un desarrollo importante en lo que queda de trilogía y, como no, el maestro John Williams vuelve a hacer de las suyas, con esto me refiero a que vuelve a hacer que cada nota de su banda sonora exprese tantas emociones como las acciones de los actores en pantalla.

El problema de esta entrega y el punto en el que se ha desviado de manera más obvia Disney, es en su tendencia a añadir partes a sus películas cuyo objetivo es tan solo vender merchandising. Hay varias escenas en las que ciertas criaturas sobran e interrumpen solo para recordarte que existen y que le puedes comprar un peluche igual a tus hijos. Además, el humor varias veces parece forzado para rebajar el lado oscuro de la película. A pesar de todo el Episodio VIII es una gran entrega digna de su saga y recomendable para cualquiera, sea o no fan de Star Wars.

En conclusión, la trilogía original nos llegó directamente desde los corazones de sus creadores y las precuelas nos llegaron desde sus hambrientas carteras mientras que esta nueva saga parece creada desde el amor, pero un amor hacia la saga espolvoreado con toques de avaricia comercial.

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