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The Handmaid’s Tale: una historia anti-profética

En 1984, la novelista Margaret Atwood vivía en Alemania Occidental y tras garabatear, uno tras otro, blocs de hojas amarillas, finalmente alquiló una máquina de escribir y transcribió lo que se convertiría en su primera novela distópica. Publicada en 1985, The Handmaid’s Tale, en principio se tituló Offred.

El muro de Berlín, aún en pie, junto con el miedo, la secrecía y la sensación de estar constantemente vigilada, dieron a Atwood el material perfecto para nutrir esta impecable pieza de ciencia ficción.

“Si pretendía crear un jardín imaginario, quería que los sapos fueran reales. Una de mis reglas era que no pondría dentro del libro ningún evento que no hubiera ocurrido en lo que James Joyce llamaba la ‘pesadilla’ de la historia, tampoco ningún tipo de tecnología que no estuviera disponible. Nada de aparatejos imaginarios ni leyes imaginarias ni atrocidades imaginarias. Dicen que Dios está en los detalles. El diablo también lo está.” (Atwood, 2017, xiv)

Con los cimientos bien clavados en pasajes de la Biblia, el pasado puritano de los Estados Unidos, las grandes guerras, los regímenes absolutistas, la fatalidad provocada por los residuos tóxicos, la infertilidad y la represión del género femenino, la trama se desenvuelve en un Estado totalitario y fundamentalista llamado la República de Gilead que rige lo que algún día se conoció como Estados Unidos de Norte América.

Atwood afirma que The Handmaid’s Tale no es una novela feminista, mucho menos anti-religiosa, pero ¿profética?

Treinta y dos años después de la publicación de esta historia en la que una doncella sin nombre narra a detalle las atrocidades que los dirigentes de Gilead ejecutan sobre los hombres y mujeres de su nueva sociedad; una sociedad en la que las mujeres no tienen derechos, el pasado 20 de enero de 2017, Donald Trump fue electo presidente de la gran nación americana. No pasó mucho tiempo para que el racismo, el puritanismo y el odio se volvieran material efervescente y, con la venia de un hombre como Trump en en la cúspide del poder, la novela de Atwood hace que nos cuestionemos los alcances de la ficción.

Y entonces, con un timming inmejorable, la cadena de televisión MGM de la mano de la distribuidora Hulu (EUA) y Bravo Network Canada, lanzaron la adaptación de la novela en forma de miniserie. Creada por el escritor y productor Bruce Miller, consta de diez capítulos y fue lanzada en servicio de streaming el pasado 26 de abril. Siguiendo al pie de la letra las reglas que Atwood se había impuesto en 1984 para crear su novela, Miller logra acercar la historia a nuestros días, mostrándonos una sociedad exactamente como la que vivimos en el mundo occidental del 2017 con relaciones interraciales, smartphones, Tinder, <Starbucks, mujeres independientes y trabajadoras, hombres y mujeres gays, en fin, gente haciendo su vida como cualquiera cuando, sin previo aviso, todo se desmorona.

La selección, acomodo y edición de la narración de June—nombre dado a nuestra protagonista en la miniserie—son sublimes y, aunque los giros esperanzadores que toman algunas tramas en la miniserie no los vemos en la novela, el final en ambas es igual de ambiguo.

The Handmaid’s Tale (2017) protagonizada y narrada por la magnífica Elisabeth Moss, nos presenta las vejaciones que caen sobre las doncellas fértiles como ella que tendrán que cumplir con su “destino biológico” para que las familias poderosas continúen siendo la piedra angular de esta sociedad puritana “descendiente de los hijos de Jacobo”. La vida de las doncellas estará a salvo siempre y cuando logren concebir los hijos de los comandantes para luego entregárselos a sus esposas infértiles. Mientras los poderosos de Gilead forman lindas familias con hijos ajenos, lo que queda de la nación está en guerra y el resto del mundo lucha por incrementar los índices de natalidad.

Frente al cuestionamiento de ¿es The Handmaid’s Tale la predicción de un futuro atroz? Margaret Atwood, quien hace un breve cameo en la serie de Hulu, ha dicho: “Digamos que es una anti-predicción: si este futuro puede ser descrito a detalle, quizá no ocurra. Pero tampoco podemos depender tan solo de este deseo.” (Atwood, 2017, xviii)

Atwood, M. (1985/20017), The Handmaid's Tale, Anchor Books.
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