por Montserrat Pérez Bonfil
[av_dropcap1]C[/av_dropcap1]on Jojo Rabbit, Taika Waititi nos entrega su cinta más personal y entrañable hasta la fecha. Johannes “Jojo” Betzler (Roman Griffin Davis) es un niño nazi de 10 años que tiene, nada más ni nada menos, que a Adolf Hitler (Waititi) como amigo imaginario.
A través de esta comedia dramática, Waititi —el director, actor y comediante neozelandés—, se atreve a retomar el tema del Holocausto para hacer una parodia de los nazis que no sólo mueve a risa sino que sacude algunas partes del alma que no muchas de entre los centenares de cintas sobre el tema habían logrado sacudirnos.
Waititi hace una inteligente adaptación, aunque un tanto alejada, del best seller de 2008, El cielo enjaulado (Caging Skies), de Christine Leunens en la que vemos a Jojo Betzler tratar de destacar para ser el mejor nazi que ha existido mientras su mentor y amigo imaginario, Adolf, lo alienta y aconseja.
La perspectiva de toda la cinta es tan inocente, tan juguetona y tan shockeante como la del propio Jojo y es que Waititi logra ponerse en la piel de un niño de diez años para mostrarnos el lugar desde donde ve a su amada Alemania nazi y su héroe por antonomasia: Hitler.
De alguna manera, el pequeño Jojo es un Waititi de diez años revisitando la historia. Taika ha dado a conocer en algunas entrevistas que su abuelo era judío y que a él de pequeño le gustaba dibujar swásticas a escondidas. Sabía que era una transgresión; sabía que podía meterse en problemas, pero le gustaba sentir ese peligro, no obstante, rápidamente las volvía ventanitas y guardaba para sí la travesura. Esta cinta es una exploración más profunda de esa pequeña travesura en la que Waititi se permite, incluso, interpretar un Hitler cómico, absurdo, desaliñado y hasta estúpido.
Si hubiera que señalar al personaje más entrañable de la cinta, éste sería la madre de Jojo. Interpretada impecablemente por Scarlett Johansson, Rosie es el epítome de la fortaleza femenina ante la adversidad: se ha quedado sola cuidando a Jojo debido a que su marido se ha ido a luchar en otro frente. Es sensual, hermosa, divertida, ingeniosa, tiene un fuerte sentido de la ética, un gran corazón y sus propios ideales muy bien arraigados. Y son justamente los ideales de Rosie los que harán que el mundo de Jojo se salga de balance.
Por otro lado, la transformación de Jojo a cargo de la revelación actoral infantil más importante de los últimos años, Roman Griffin Davis, toca las fibras más delicadas del corazón al mostrarnos cómo la más pura inocencia y credulidad, al estar puestas al servicio de un grupo de gente malintencionada y oscura, puede proyectar esa misma oscuridad en su entorno, pero también puede madurar y toparse con la dolorosa verdad.
En cuanto a la fotografía hecha por Mihai Malaimare Jr. y el diseño de producción por Ra Vincent no hay más que decir que su ejecución es exquisita y ambos se complementan para crear cuadros llenos de colorido que hacen brillar la pantalla. Mientras escuchamos un soundtrack fantástico de clásicos del rock en sus versiones en alemán.
Waititi denomina su cinta una “sátira anti-odio” y con ella ha levantado las más diversas opiniones entre críticos de distintas latitudes. Algunos dicen que, aunque la intención de la cinta es buena, no logra su cometido y lo toman como una grosería sin profundidad ni dimensión: “no logra lo que Chaplin”; otros, indignados, aseguran que Waititi no acierta para nada: ni en las risas ni en el drama ni en el escandaloso retrato de los bandos; y algunos otros, como yo, encontramos en Jojo Rabbit un filme profundo que posee contundencia dentro de la propia ingenuidad que proyecta la visión infantil desde la que está narrada la historia.
Al final, hay que saber que al ver Jojo Rabbit uno se encuentra con otra visión de un tema que, si bien es delicado, se puede abordar desde muchos sitios. Te invito a verla y a que te formes tu propia opinión, no creo que te arrepientas.
