por Dennis Araujo

L os Locos Addams (EUA, Reino Unido, Canadá, 2019), en su nueva versión animada, es una cinta intrascendente y pobre en su desarrollo, si bien cumple con entretener, no posee suficientes elementos para justificar una secuela a futuro.

La familia irreverente y oscura es un hito de la cultura pop desde su surgimiento en los años 50 gracias a los cartones del caricaturista Charles Addams para el New Yorker. De ahí, ha tenido varias adaptaciones, empezando con la serie de televisión de los años 60, pasando por varias series animadas, las películas live action de los 90, hasta llegar a este retorno como película animada.

Los Addams son personajes queridos, con un encanto especial bajo el aura oscura que los rodea y una ingenuidad que no les permite comprender por qué ellos no son normales a comparación del resto de las personas.

Esta cinta apela a la nostalgia de los fans de los Addams y es aplaudible que los directores, Greg Tiernan y Conrad Vernon, decidieran respetar los diseños originales de Charles Addams. Así, tenemos a un Homero redondo con rasgos grotescos, una Merlina de palidez mortal y frente grande, un Pericles redondo, igual que su padre, pero más travieso y peligroso y una Morticia que lleva un vestido negro con puntas que simulan tentáculos o patas de araña. Todo esto, sin perder de vista el amor fraternal de la familia y el romance apasionado entre Morticia y Homero.

Pero con todo esto, desafortunadamente, la cinta no funciona. En esta versión, los directores traen a la monstruosa familia al siglo XXI y comienzan la historia con un problema simple: el rechazo a los Addams por ser diferentes. Pero no dejan de caer en clichés que ni siquiera son cómicos.

Cada integrante de la familia tiene sus propios dilemas: Homero preocupado de que Pericles arruine su ceremonia de aceptación; la obligación de Pericles de cumplirle a su padre; Merlina con su curiosidad por el mundo exterior y el miedo constante de Morticia de que su familia entre en contacto con la gente del pueblo cercano.

El problema no es que existan todas estas pequeñas historias en el universo narrativo de la película, sino que ninguna de las tramas se desarrolla lo  suficiente y, a la postre, los conflictos se solucionan por vías fáciles. Ni siquiera Margaux Needler, la antagonista principal, es odiosa o siquiera graciosa, sólo llega a ser molesta y superficial. 

Y cuando, por fin, el espectador comienza a encontrar despreciables a los villanos como Margaux y Bethany —quien cumple el estereotipo de adolescente rubia, popular y tonta—, se queda con un sabor insípido cuando pierden contra alguno de los Addams. 

No obstante, la parte cómica no es un total fracaso. Si bien, algunos chistes no provocan más que una mueca en la boca, hay otros tantos que logran la risa del público. Por una parte, Largo es gracioso aun con su presencia estoica, seria y tonta y es divertido justamente por ser el menos expresivo de los Addams. El tío Lucas, por su parte, siempre se ha caracterizado por ser un personaje ridículo, no muy inteligente, pero bonachón aun con su aspecto tétrico que combina al jorobado de Igor y a Nosferatu, por lo que es un chiste por sí solo.

Son risas que se agradecen, pero no son suficiente para considerar que ésta es una buena adaptación. A veces, en las películas infantiles encontramos enseñanzas para los niños, pero Los Locos Addams dan ese mensaje de una manera tan burda e inverosímil que termina por ser ignorado.

Aun así, es un buen entretenimiento para los pequeños por lo que ofrece visualmente: explosiones, un árbol con conciencia propia, un león que actúa como un gato de casa bastante dócil, juegos pesados entre los niños y todo lo extraño que pueda ofrecer la mansión Addams.

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