por Hugo “Poke” Juárez

Espeluznante, terrorífica, shockeante, escalofriante, traumática… Ninguna de estas palabras describe la nueva película producida por Guillermo del Toro. Sin embargo, logra brillar en otros aspectos que la hacen destacar de entre todas las producciones de los últimos años.

Historias de miedo para contar en la oscuridad (EUA, Canadá, 2019), dirigida por el noruego André Øvredal (La morgue, 2016), está basada en una serie de libros de terror para niños del mismo nombre, algunas de cuyas historias fueron adaptadas por Del Toro, así que podemos estar tranquilos respecto a la selección y el “filtrado” de las mismas.

En la adaptación cinematográfica, las historias giran en torno a la figura de la familia Bellows, específicamente de la pequeña Sarah, quien, dicen, hace muchos años vivió encerrada por una oscura razón en el sótano de una tenebrosa mansión que en 1968 despierta el morbo y la travesura de algunos adolescentes que viven en el pueblo estadounidense de Mill Valley, donde se desarrolla la trama.

Stella, Ramón, Auggie y Tommy son algunos de estos pubertos que en la víspera de Halloween se aventuran a entrar a la mansión. Ahí, en el sótano, Stella encuentra un misterioso libro escrito a mano con letras rojas que cuenta pequeñas historias salidas de la mente enferma de Sarah, relatos de monstruos y terrores que la perseguirán a ella y a sus amigos hasta acabar con sus vidas, uno por uno…

El relato que nos cuentan del Toro y Øvredal comienza muy lento para establecer el universo de estas historias de terror hiladas por las aventuras de Stella y sus amigos, así que al principio puede ser un poco desesperante pues no pasa nada de relevancia, pero cuando comienza a acumularse la tensión lo más probable es que aprietes los puños, se te acelere la respiración o te muerdas las uñas… Pero hasta ahí, porque el clímax de esas escenas queda muy por debajo de las expectativas que despiertan.

Øvredal hace un estupendo trabajo, con atención al detalle, en generar tensión mediante la narrativa, la edición, el audio, las actuaciones y cada una de las imágenes previas a la aparición de los monstruos (porque son varios), pero se queda corto en el clímax, por lo que en la mayoría de las veces te decepcionarás si lo que esperas son momentos de verdad memorables.

A pesar de lo anterior, sorprende lo macabro que pueden ser algunas escenas, por lo que si vas en busca de horror, y no de terror, puede que vivas una buena experiencia cuando veas esta película que comienza como un relato simplón para asustar pubertos, pero con estos momentos te demuestra que tiene mucha madurez y crudeza.

Por supuesto, el otro elemento que destaca y brilla por sí mismo es la imaginería de Del Toro, cuyo toque e influencia se nota en cada uno de los monstruos que atormentan a los chicos, pero también en algunos homenajes a sus películas anteriores y a otros clásicos del género.

Los diseños de las criaturas son estupendos y, si bien no asustan tanto, sí están dotados de originalidad, frescura e innovación (sello del productor tapatío); aunque por ahí hay uno que se parece demasiado a Gollum, pero eso sí, asusta muchísimo más.

Pero hay otra razón por la cual Historias de miedo… se siente fresca y es porque retoma elementos de los relatos que atemorizaban a nuestros padres o abuelos y los refleja estupendamente en la película: anécdotas simples, criaturas horrorosas, pequeños momentos de verdadero escalofrío y explotación de nuestros miedos y ascos más fundamentales a lo desconocido, a las arañas, al excremento, a la sangre, a la muerte, a los miembros cercenados de algún cadáver… En otras palabras, horror en su más pura e inocente expresión.

Lejos de este terror sofisticado y ultracuidado al que Hollywood nos ha acostumbrado en esta década, la película de Øvredal nos cuenta una entretenida historia de venganza e investigación que te va a recordar a El aro, pero con un tono más adolescente y menos espeluznante. ¿Qué llevó a Sarah a aterrorizar a Stella y a sus amigos y cómo van a detenerla? ¿Quién será del héroe o de la heroína al final? ¿Quién va a sobrevivir?

Historias de miedo para contar en la oscuridad funciona, con todo y que no logra llevar la tensión a niveles extraordinarios, sin mencionar que entre susto y susto hay mucho relleno: personajes con potencial pero subdesarrollados y muchísimas situaciones inverosímiles,

Por último, vale la pena notar lo siguiente: la cinta posee un sutil e inteligente comentario político: un terror muy real que no tiene que ver con criaturas fantásticas.

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