por Leonardo Ponce

Toy Story es sin duda una de las franquicias más queridas en la historia del cine, por lo que cada nueva película despierta tanto emoción como miedo ya que, de caer en las manos equivocadas podría resultar en una verdader catástrofe. Pixar, como siempre, logra hacer una genial continuación a Toy Story 3 que pensábamos (y con justa razón), que había cerrado magistralmente la saga.

Toy Story 4 empieza donde la película anterior termina: Los juguetes de Andy comienzan una nueva vida en casa de su dueña, Bonnie, una niñita que está a punto de empezar el Kinder.

La historia comienza cuando el vaquero Woody atraviesa una crisis existencial ya que pasó de ser el juguete favorito de Andy a ser uno de los juguetes que se quedan olvidados en el clóset de Bonnie.

Woody encuentra una razón de ser cuando se convierte en el protector del nuevo “juguete” creado por Bonnie en su primer día de clases: Forky, una especie de cuchara-tenedor que se convierte en un juguete gracias a la creatividad de Bonnie, quien hace un pastiche de materiales que encuentra en la escuela. Forky cobra vida.

Ese mismo día la familia de Bonnie se embarca en un viaje por carretera y un suceso imprevisto hace que los juguetes se vean envueltos en otra peligrosa pero transformadora aventura.

Me arriesgo a decir que gran parte de la magia de este filme es gracias al poder emocional que cargan estos amados personajes y además, cabe que no es la mejor película de los estudios Pixar pero sin duda es una película sólida, con humor brillantemente ejecutado y una animación impecable que por momentos nos hace sentir que estamos viendo objetos reales.

Como siempre, Pixar logra dar en el clavo al crear una historia inteligente y entretenida, expandiendo exitosamente un universo muy conocido sin ser predecible y sin llegar a auto repetirse  (… te estoy viendo a ti Star Wars).

Los personajes nuevos son lo suficientemente buenos para refrescar la saga pero no lo suficientemente memorables como para opacar a los anteriores. Lo cual está bien, porque esta película no se trata sobre nuevos personajes, si no del viaje interno de los personajes principales. De hecho, una vez que el mundo de los humanos queda fuera (cuando la familia sale a carretera), es que podemos realmente identificarnos con los conflictos de los juguetes, y es cuando la historia toma vuelo.

La película gira en torno a la pregunta “Quién soy?”, misma que se expresa de diferentes maneras  a lo largo de la trama, desde la creación de Forky (el tenedor con ojos), el problema existencial de la muñeca Gabby Gabby, la particular interpretación de Buzz de la frase “escucha a tu voz interior”,  hasta el “viaje” interno del propio Woody.

Toy Story 4 está un poco menos centrada en las relaciones niño-juguete y tiene tono un tanto más existencialista como ¿Cuáles son las cosas que nos definen? ¿Sólo servimos para lo que fuimos creados? Y otra muy importante: ¿Quién soy yo si no soy lo que siempre he creído? Son preguntas que acompañan a las acciones de los personajes y nos llevan a  una conclusión que resulta muy revitalizante y esperanzadora.

Muy probablemente habrá una nueva película de Toy Story en el futuro, pero por lo pronto, Toy Story 4 es la mejor conclusión que tenemos.

 

 

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