Lo que unos aman, otros lo odian y nosotros damos voz a todos por igual, por eso, también puedes leer la opinión de Carolina Molva con respecto a Las niñas bien.

por Miguel Mora Vargas

Las niñas bien (México, 2018),  inspirada en los personajes del libro homónimo de Guadalupe Loaeza, es una película dirigida por Alejandra Márquez Abella, y escrita en colaboración con Monika Revilla que habla de forma reiterativa de la debacle económica de una capa de la alta sociedad mexicana en la década de los ochenta.

La realizadora Alejandra Márquez nos cuenta una historia sencilla ambientada en 1982, en donde Sofía (Ilse Salas) y Fernando (Flavio Medina), que conforman un matrimonio adinerado, se ven atrapados en medio del colapso financiero que vivió México a principios de aquella década.

En un principio, la cinta nos muestra un cuadro impregnado de frivolidades en donde queda claro el estilo de vida opulento de la protagonista y sus amigas que pasan los días comprando en tiendas suntuosas o en el club de campo, comentado la moda y la forma de vida de los demás, cuestión que hace sumamente aburrida algunas partes de la historia.

De pronto, se presenta la crisis económica y el matrimonio se ve perjudicado por la devaluación. El mundo de Sofía se desmorona gradualmente y los ingresos familiares empiezan a escasear, obligándolos a hacer recortes en la servidumbre. Por su parte, Fernando es incapaz de solventar la crisis porque es un junior acostumbrado a gastar, pero un inútil para hacerse cargo del negocio familiar y reavivar la fuente de riqueza que tenían.  En consecuencia, la familia tiene que privarse de viajes y lujos para conformarse con hacer sus compras en las tiendas locales.

Mientras tanto, una nueva familia formada por Ana Paula (Paulina Gaitán) y Beto (Daniel Haddad) emerge dentro del grupo. Ellos parecen vivir un momento de bonanza gracias a las fluctuaciones de la bolsa de valores, lo que les permite llevar una vida holgada y tener acceso a los lugares que antes les eran negados.

Todo indica que el declive económico de los protagonistas no tiene solución. Poco a poco, somos testigos de la degradación de esta familia cuyos valores se basan en su poder adquisitivo. La historia nos lleva a un aparente callejón sin salida, en donde asistimos a lo que algunos llaman pobreza, pero en realidad se trata de la inoperancia de dos seres ineptos que encuentran su fin al perder algunos privilegios.

Las niñas bien es una cinta con un tema difícil de digerir, sobre todo porque es prácticamente imposible sentir empatía por los personajes que protagonizan este “drama financiero”.  Incluso hay un momento en el que al espectador le cuesta trabajo seguir la trama por tratarse de un conflicto pretencioso, falto de valores morales e incluso inútil.

No obstante, la realización de Alejandra Márquez Abella, junto con la propuesta de la cinefotógrafa Dariela Ludlow y el tratamiento visual del director de arte, Claudio Ramírez Castelli, son superiores a la historia que cuentan. Además, las actuaciones de Ilse Salas, Flavio Medina y Paulina Gaitán resultan gratas.

Sin embargo, la historia no logra darnos el gusto de ver una obra bien concluida, entre otras cosas porque es un proyecto por encargo que se inspiró en las crónicas publicadas por la escritora Guadalupe Loaeza, quien nunca pretendió otra cosa más que mostrar las vidas de algunas personas que transcurren rodeados de costosas prendas, casas espectaculares y viajes al extranjero.

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