por Miguel Mora

El primer largometraje de Xavier Legrand es una pesadilla hecha realidad, muy al estilo de la cinta El resplandor de Stanley Kubrick.

Por un hijo (Jusqu’à la garde, Francia, 2017) —escrita y dirigida por el mismo Legrand—, muestra el terror que muchas familias han vivido cuando se presenta un caso de violencia intrafamiliar; el maltrato físico y psicológico, llevado al máximo, como tema protagónico en el seno familiar es lo que mueve a ésta historia.

La película arranca con una escena dentro de un juzgado familiar en donde la pareja formada por Antoine (Denis Ménochet) y Myriam (Léa Drucker) están negociando los términos de la custodia de sus hijos después de haberse divorciado.

En las pláticas con los abogados nos enteramos que los hijos se niegan a volver a ver a su padre, apoyados por la madre Myriam que asegura que su ex -pareja es un ser violento. Sin embargo la juez concede la custodia compartida del menor de 11 años —Julien (Thomas Gioria)—, al padre, por considerar que es tratado injustamente. Pero no es el caso de la hija Joséphine (Mathilde Auneveux), de 18 años, quien por ser mayor de edad tiene el privilegio de decidir por ella misma.

Dadas las circunstancias, la historia pasa a convertirse, de un drama familiar, a una historia de terror; lo que podría parecer el epilogo de un divorcio es el comienzo de varios capítulos angustiantes en donde la ira  y la frustración de Antoine por haber perdido parcialmente el resguardo de los hijos y el poder sobre su ex mujer, se refleja en el asedio al joven niño.

Julien se  convierte en un rehén en medio del conflicto de los padres: cada fin de semana que tiene que pasar al lado de su progenitor es peor que el anterior, la escalada de violencia y el asecho va en aumento y transforman la relación entre el padre y el menor en un infierno.

El miedo continuo y la ausencia de libertad que impone Antoine a su hijo hacen que la convivencia sea tóxica. Pero esta relación es la puerta que aprovechada este ser compulsivo y celoso para enterarse de la rutina de su anterior esposa e hija. En medio de su coraje por sentirse desplazado, va urdiendo la forma para aparecerse en los momentos menos propicios, con lo cual desata escenas de violencia contenida que anuncian el trágico desenlace.

Por un hijo es un trabajo minucioso, bien equilibrado, en donde el manejo de la tensión dramática de los primeros planos —reflejo de la impotencia del pequeño Julien—, resumen todo lo que va a pasar; por eso la película no está plagada de diálogos explicativos, todo lo deja a la contención y al montaje de las acciones que hablan por sí mismas.

Esta ópera prima del actor francés Xavier Legrand, demuestra su habilidad para dirigir temas de profunda humanidad, y hace ver su buen desempeño junto con la cinefotógrafa Nathalie Durand en la realización, de una cinta, con imágenes cotidianas llenas de efectividad, sin perderse en el interior de la historia.

Si bien la primera escena en el juzgado puede resultar demasiado extensa, a lo largo del metraje el público puede constatar lo que al principio queda en duda, es por por eso que dicha información se convierte en algo crucial para que el espectador pueda caminar de la mano de los intérpretes y logre tomar conciencia de lo que se avecina; esta forma de narrar encuentra su significado cuando nos acercamos a la última parte del film, en donde el suspenso reina y la tensión nunca disminuye.

Por un hijo obtuvo el León de Plata en Venecia, en San Sebastián ganó el Premio del Público y en el de Toronto, el reconocimiento Plataforma.

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