Crónica de un disturbio en la fuerza de Disney

por Daniel Villamil

Por increíble que parezca, Star Wars se encuentra lidiando con un fracaso comercial y con el repudio de muchos de sus fans, incluso a niveles más altos que los que logró George Lucas cuando estrenó las precuelas.

Y es que, en su intento por sacarle el mayor provecho a la franquicia galáctica, Bob Iger (CEO de Disney), intentó aplicar la exitosa fórmula de Marvel Studios: una película al año con miras a que el número de cintas fuera en aumento. El problema es que nunca le dio el tiempo suficiente a Kathleen Kennedy (CEO de Lucasfilm) para trazar una visión y un plan a largo plazo como el que tiene Kevin Feige con sus películas de superhéroes. Ésta falta de planeación y poco entendimiento de la saga son las causas principales de los problemas actuales tanto de Kennedy como de Lucasfilm.

Cuando George Lucas vendió su compañía a Disney, él mismo sugirió a Kathleen Kennedy como CEO de la empresa, después de todo ella había sido una colaboradora estupenda, tanto con Lucas como con su famoso amigo Steven Spielberg. Ella junto a Iger anunciaron que se prepararía una nueva trilogía de “Star Wars” y tres películas independientes o “antologías”, las cuales estarían situadas en el mismo universo que todos los episodios, pero tratarían sobre personajes secundarios o desconocidos, los cuales no tendrían relación con los Skywalker. Una película de la galaxia lejana al año, tal y como las de Marvel. Estrategia un poco extraña, ya que los personajes de Lucas no necesitaban ser presentados, pues han estado en la conciencia colectiva desde 1977.

Kennedy se ganó rápidamente el apoyo de los fans cuando anuncio que J.J Abrams dirigiría el Episodio VII y que este contaría con el regreso de Luke Skywalker (Mark Hamill), Han Solo (Harrison Ford) y la Princesa Leia (Carrie Fisher), entro otros favoritos de la trilogía clásica.

Con el estreno de The Force Awakens de J.J. Abrams (2015) el poder de la Fuerza regresó a la cultura pop. En todos los medios se hablaba del éxito en taquilla, crítica y en especial entre los fans, y aunque algunos la acusan de ser un remake de A New Hope (1977), la verdad es que Abrams simplemente respetó la fórmula de las dos trilogías anteriores: un trío de personajes que por azares de la Fuerza acaban en un planeta desértico, teniendo que unir sus fuerzas para derrotar a una organización que amenaza con la paz de la galaxia.

Con todo y lo anterior, Abrams planteó líneas argumentales muy interesantes para los episodios siguientes: el personaje principal es una mujer cuyo origen es desconocido, los restos del Imperio Galáctico se habían reunido ahora como La Primera Orden y además eran liderados por el hijo de los héroes de la rebelión, Han y Leia. Pero quizás lo más emocionante era que Luke se había convertido en el maestro Jedi que todos esperábamos, pero no lo veíamos hasta el final de la cinta, dejando a todos los fans con ganas de más.

El futuro no podía pintar mejor para la saga galáctica. Para dirigir las siguientes películas estaban confirmados directores nuevos, que habían resultado muy exitosos en su paso del circuito indie al de las grandes producciones: Gareth Edwards, Rian Johnson, Josh Trank, Colin Trevorrow, Chris Miller y Phil Lord.

Al año siguiente empezarían los problemas dentro de Lucasfilm, la promoción del primer spin-off, Rogue One, se vio retrasada ante los problemas durante la filmación, los cuales terminaron en volver a filmar el último tercio de la película bajo la dirección de Tony Gilroy y no del director original Gareth Edwards. Además, ante el pobre resultado de Fantastic Four, Josh Trank sería despedido. Sin embargo, después del estreno de Rogue One, todo se calmaría, pues Disney tenía nuevamente una película de Star Wars que triunfaba en taquilla, crítica y fans.

Después de dos exitosas películas que respetaban y enriquecían a la saga, todo mundo estaba expectante del siguiente episodio, The Last Jedi de Rian Johnson. Sin embargo, nuevamente empezarían los problemas tras bambalinas: Mark Hamill declaraba que ese no era su Luke y que estaba en desacuerdo con las decisiones tomadas por Johnson, pero las respetaba. Se anunciaba el cast de Alden Ehrenreich para interpretar a un joven Han Solo, película que desde su anuncio no contaba con el respaldo del público, después de todo Han Solo es Harrison Ford, así como Tony Stark es Robert Downey Jr.

Meses después se anunciaría el despido de los directores Chris Miller y Phil Lord por diferencias creativas, por lo que se tuvo que contratar un coach de actuación para el joven Ehrenreich. Sin olvidar la salida de Colin Trevorrow del Episodio IX, ante el pobre resultado de su película The Book of Henry, aún así el estreno del Episodio VIII sería un éxito en taquilla y entre la crítica, sin embargo, fallaría en el más importante para cualquier franquicia: el público.

Para aumentar la base de fans, se intentaron nuevos caminos, pero estos traicionaban los cimientos de la saga: quitar el lugar estelar de los Skywalker, además de mal copiar elementos de The Empire Strikes Back (1980), a pesar de pregonar que era una cinta que dejaba morir el pasado. Aunque el acto final de Luke es quizá la mejor aplicación de las enseñanzas de Yoda “un Jedi usa la Fuerza solo para defender, nunca para atacar”, la pobre ejecución de un argumento por momentos pretencioso, convirtió a la cinta en la más divisiva de la serie.

Las críticas de los fans aumentarían más al volverse público que Johnson ignoró todos los planteamientos que había dejado Abrams para que se continuara el arco argumental que iniciaba con el Episodio VII.

Todo esto debilitó aún más las pocas expectativas que había generado Solo, la cual acabaría siendo dirigida por el siempre eficiente Ron Howard. Y aunque al final la película resultó bastante entretenida, e incluso Ehrenreich logró captar parte del encanto de Ford para el personaje, la trama se vuelve confusa para cualquiera que no siga las series animadas y comics, nuevamente es contradictorio el mensaje de Disney: “abraza lo nuevo, pero ve todo lo viejo que dijimos dejes morir”. El resultado es claro, la película en ventas es un fracaso, probablemente la primera de la franquicia que pierda dinero.

No es de extrañar que, ante todos estos problemas, se diera la noticia de que el estudio haya decidido detener indefinidamente los rumoreados spin-offs de Boba Fett y Ben Kenobi, para concentrarse en el Episodio IX, para el cual decidieron traer de vuelta a Abrams. Si bien nunca se anunciaron de manera oficial estas películas, es innegable que la casa de Mickey Mouse y Lucasfilm están pasando por una crisis creativa, y es que apenas se dieron cuenta de que los fans que han convertido a Star Wars en una de las marcas más redituables en cualquier medio durante los últimos 40 años, no lo hicieron por moda, sino por todo el universo que se creó alrededor de los personajes y que siempre se respetó su esencia, aún en las cuestionables precuelas, los fans tenían un sentido de identidad, las cantidades gastadas no importaban, porque la idea iniciada en el cada vez más lejano 1977 se mantenía. Algo que se rompió con The Last Jedi, siendo Solo la víctima natural de este cisma.

Es evidente que eventualmente se anunciarán más películas derivadas de la saga, pero esperemos que este bache ayude a que lo nuevo sea congruente con el pasado y brinde un futuro luminoso para tan querida saga, pues por el momento y citando a un sabio maestro “The dark side clouds everything. Impossible to see the future is.”

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