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Arctic Monkeys: Una Nueva Dirección

por Leonardo Ponce

Sólo quería ser uno de Los Strokes, ahora mira el desastre  que me has hecho hacer” es la brillante línea con la que Alex Turner abre la canción “Star Treatment” del esperado regreso de Arctic Monkeys, Tranquility Base Hotel & Casino.

La canción, nos introduce perfecto a lo que está a punto de suceder, un viaje a territorio desconocido. Cantada desde la perspectiva de una estrella en decadencia, posiblemente sentenciada a cantar en un bar de hotel, la canción está plagada de referencias (no sólo auditivas) a la cultura pop de los 70 y 80: “Tal vez fui muy salvaje en los 70” canta el vocalista y la ironía brota, ya que el mismo Alex Turner ni siquiera había nacido en aquella década. Y es aquí, que sabemos que nos espera algo completamente inesperado.

El proyecto, coproducido por el mismo Turner, fue inicialmente pensado como un proyecto solista y no como un disco de Arctic Monkeys, lo cual para ser sinceros responde muchas de las interrogantes que el álbúm plantea. La dirección, la instrumentación, la escritura de canciones y la manera de cantar sin duda suponen un proyecto personal más que colectivo.

“Sólo quería ser uno de los strokes”… Y yaya que querían ser como los Strokes. En entrevistas han dicho que de no ser por la influencia de The Strokes probablemente no hubieran empezado a tocar en una banda, de modo que nunca hubiéramos escuchado su álbum debut Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, en 2006; nunca hubiéramos escuchado a esos adolescentes ingleses inyectarle tanta vida al rock and roll.

Las primeras canciones de Arctic Monkeys eran un tornado que te sacudía. Era como si hubieran combinado todas las bandas de indie rock del nuevo milenio en una y encima le hubieran puesto la electrizante voz  de Alex Turner. Esa energía de la banda, que los hizo famosos, es completamente sacrificada en este álbum, y es ésta la razón, tal vez, por la cual sus más fieles seguidores están tan divididos.

¿Cuál es la recompensa? Un álbum sólido con un concepto sonoro impecable donde vemos a Alex Turner expandirse no sólo como compositor, si no como cantante (la genial “Four out of Five” y “Tranquility Base Hotel & Casino” son testimonios de esto).

En mi opinión, las bandas comienzan a caer cuando sus integrantes empiezan a pensar individualmente en vez de pensar como conjunto. Les sucedió a los propios Strokes, quienes progresivamente se convirtieron más en un conjunto de individualidades que en la banda de rock que había salvado al rock en el nuevo milenio. En este caso, los Arctic Monkeys permanecen como un conjunto y eso me parece admirable. Tal vez no tenemos poderosos riffs de guitarras o patrones de batería que cualquier baterista moriría por tocar en su banda, pero tenemos todo el poderío de la banda al servicio de algo más grande, un concepto y una historia que contar. Tanto así, que decidieron no sacar ningún sencillo hasta que estuviera completo el disco, como diciendo: “Ésta es la historia que queremos contar, pero tienen que escucharla completa”.

El nuevo disco de Arctic Monkeys es muchas cosas: Es una fantasía sacada de alguna borrachera de Alex Turner, es un tributo a la tradición de cantantes antiguos  como David Bowie o Leonard Cohen, o un tributo a una época pasada pero que de alguna manera ocurre en el futuro. El nuevo disco de Arctic Monkeys es todo menos un disco de Arctic Monkeys, y por eso me encanta.

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