La casa de papel 2a temporada: Entretenimiento facilón

La casa de papel pasó de un inicio sublime a una segunda temporada con tufo a comida chatarra: entretiene pero es sumamente inverosímil e insustancial. Desde el primer capítulo nuestras dudas sobrepasan la capacidad de respuestas que la serie nos puede otorgar, al final, la verosimilitud de la historia se va perdiendo porque los hechos están en función del efectismo de la trama.

La serie creada por Alex Pina, gira en torno a un grupo de ladrones que entran a La casa de moneda y timbre de España, que es donde se emite el dinero; toman rehénes y esperan imprimir millones de euros.

La mente maestra es un sujeto llamado El Profesor (Álvaro Morte), quien lleva años tramando el plan maestro. Es él quien juntó a siete ladrones, a quienes puso nombres de ciudades: Tokio (Úrsula Corberó), Berlín (Pedro Alonso), Moscú (Paco Tous), Denver, Río, Nairobi, Oslo y Helsinki; lo anterior con la idea de que nadie conozca la identidad del otro. La idea es generar un atraco maestro en donde nadie salga lastimado, y por supuesto, no se trata de robarle a los ciudadanos sino tomar revancha del gobierno

Del lado de la policía tenemos a la inspectora Raquel Murillo (Itziar Ituño), a su compañero Ángel, y al director de inteligencia, quienes buscarán la forma de atrapar a los ladrones.

En la primera temporada, La casa de papel nos presentó un plan sublime, complejo y fascinante en el que los ladrones tenían todo bajo control, casi siempre 10 pasos adelante de la policía, y todo gracias a la astucia del profesor, sus conocimientos sobre robos y el comportamiento humano, y un sistema de vigilancia efectivo. Sin embargo, los sentimientos y emociones se interpondrán con el plan.

El problema es que el plan maestro de El Profesor es tan complejo que se refleja y afecta a la trama: las estrategias ajedrecísticas de ambos bandos se vuelven tan complicadas que, para desentreñarlas, los guionistas comenzaron a generar situaciones que fueron erosionando la verosimilitud de la serie, como por ejemplo, eventos afortunados que parecen sacados de la manga, torpezas en ambos bandos que chocan con la inteligencia mostrada y que pueden resultar chocantes.

Más ejemplos, la falta de puntería de la policía cuando se enfrascan en escaramuzas, o acciones descabelladas que rebasan el sentido común. Y es que la policía es capaz de enconrtar a quien sea con los elementos adecuados, pero una persona buscada por ellos puede burlarlos si se pone una gorra. Ah, por cierto, la serie no debe ser una clase de procedimientos policiales o del uso del armas, pero los criminales no puede disparar y correr al mismo tiempo con una mano sosteniendo un arma de alto poder. En fin.

Al final, la empatía creada en la primera temporada, las expectativas altas, el tiempo invertido y uno que otro truco efectivo nos mantienen con ganas de ver el desenlace, pero ya no es lo mismo, ya no estamos degustando una comida gourmet sino unos nachos, unas palomitas y una Coca Cola que se pueden comer gustosos.

  • Escucha el podcast de Permanencia Involuntaria donde hablamos de series españolas, entre ellas La casa de papel.
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