por Pascual Morones

La nostalgia se ha convertido en un elemento muy usado, por lo general de mala manera, en la pantalla grande. Doctor Sueño (Doctor Sleep, EU-2019) de Mike Flanagan, es un ejemplo de una cinta que puede desarrollarse más allá de ésta y funcionar, aunque al final el resultado no sea el esperado.

El director Mike Flanagan (La maldición de Hill House) tomó las riendas de un proyecto complicado pues hablar de Doctor Sueño no sólo es trabajar una novela de Stephen King sino enfrentarse al fantasma de El resplandor (1980) de Stanley Kubrick, película considerada de culto y una de las mejores de la historia del cine.

Doctor Sueño narra la historia de un adulto Danny Torrance (Ewan McGregor) quien es su recorrido se encuentra con Abra (Kyliegh Curran), una niña que al igual que él tiene “el resplandor”. Ambos tendrán que hacerle frente a un culto liderado por Rose (Rebecca Ferguson), una especie de vampiro energético que se dedica a matar niños con poderes para sobrevivir.

Flanagan logra una buena película, aunque pudo ser mejor. Lo primero que hay que dejar claro es que si se entra a la sala pensando que se proyectará una joya como El resplandor, el resultado será una decepción, pero como producto independiente corre muy bien la cinta. La nostalgia, más que una guía, es una creadora de recuerdos.

La cinta peca de larga y, con el estilo del director, se hace lenta. La introducción de los personajes hace sentir que tarda en arrancar y entrada la segunda mitad de la película te das cuenta que intentó contarte tanto en ese lapso que termina por ser meramente superficial. Buena idea del director, pero mal desarrollada. Las incongruencias son notorias y al final de las secuencias entiendes que están ahí para que la historia tenga sentido aunque el camino sea claramente inverosímil.

Para los fanáticos de El resplandor, el último tercio de la película será lo que más disfruten. Cargada de referencias al cine de Kubrick, Doctor Sueño acepta su papel como secuela y homenajea a su predecesora y a su director.

La secuencia desarrollada en el Hotel Overlook funciona como lo mejor de la cinta y ni hablar de las escenas donde el personaje de Ferguson es fotografiada cual Alex DeLarge en La naranja mecánica (1971).

Las actuaciones merecen una mención especial. Ves en Ewan McGregor la decadencia de un hombre que logró ocultar su resplandor hundido en los vicios, Kyliegh Curran interpreta a una niña cuyo poder es incomparable y la fortaleza enmarca su actuación; Rebecca Ferguson, por su parte, roba la cinta y se posiciona como una de las mejores villanas contemporáneas (el secreto está en el miedo que plantan sus ojos).

Pese al sentimiento de que la cinta “pudo dar más y se queda estancada”, la película regala momentos que generan coraje en la audiencia: son escenas tan épicas que genera la duda de qué hubiera sucedido si el director hubiera optado por desarrollar la historia a través de ese camino y no como decidió hacerla realmente.

Si dentro de tu catálogo cinematográfico no está El resplandor, no es impedimento para ver Doctor Sueño; por cómo está estructurada la narrativa es fácil entender el producto como un todo sin generar un vínculo directo con su predecesora. La información que llegues a necesitar sobre sucesos de la cinta de 1980 son expresados a cuadro por lo que entenderás sin problema la historia que corre frente a ti.

Los grandes actores levantan los puntos más bajos y visualmente el diseño de producción es impecable, esto ayuda a sobrellevar los momentos complicados de la cinta. La película es un claro ejemplo de cómo la nostalgia puede ser un recurso inteligente: no ser la carretera sino el destino.

Una vez más invito a ver Doctor Sueño sin esperar ver una película como El resplandor, de lograr esto tendrás frente a ti una película que cumple y que te va a entretener una tarde, pero si el lado fanático no puede ocultarse, en la pantalla no encontrarás mas que una cinta como cualquiera otra. ¿Lo ideal? Disfrutar el filme y sorprenderte cuando aparezca “el resplandor”.

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