por Roberto Fco. Ponce

Ningún villano del mundo de los cómics ha acaparado los reflectores de la industria del cine como Guasón (Joker, EU-2019). La cinta, dirigida por Todd Phillips (Starsky & Hutch y The Hang Over) e interpretada magníficamente por Joaquín Phoenix, fue polémica antes, durante y después de su estreno el pasado 4 de octubre.

Los alcances de las proyecciones fueron mayúsculos: estableció un récord en Estados Unidos al convertirse en el estreno más taquillero de un fin de semana largo del mes de octubre al recaudar 96 millones de dólares, y recientemente alcanzó el primer lugar de la cinta clasificación R más taquillera de la historia con 788 millones de dólares a nivel mundial, superando a Deadpool (2016), que en su momento reunió 783 millones.

Quienes tuvieron la oportunidad de ver la película previamente en funciones especiales o en foros como el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde el público aplaudió por ocho minutos la obra, se encargaron de difundir su opinión y hacer un estallido mediático.

Todo tipo de controversia y polémica, más allá del debate de si es una buena o mala película, sucedió en foros digitales, particularmente en la arena de los madrazos (Twitter), conocida como el ring de violencia verbal más popular de nuestros tiempos. Esto nutrió las expectativas, para bien o para mal, del público y los fanáticos de este villano que esperaban con emoción su homenaje en la pantalla grande.

Surgieron noticias falsas que generaron una especie de psicosis sobre el contenido narrativo y el mensaje de la cinta. Se llegó a mencionar que por su alto grado de violencia sería censurada o editada para su estreno en algunas partes del mundo.

Por su parte, la policía de Nueva York realizó acciones para proteger a la audiencia y evitar atentados en diversas salas de cine, como ocurrió el 20 de julio de 2012 en la ciudad de Aurora en Colorado, cuando James Holmes de 24 años disparó contra la audiencia en pleno estreno de la película Batman: El Caballero de la Noche Asciende

Los familiares de algunas de las víctimas (12 muertos y 70 heridos) de aquel tiroteo masivo mandaron una petición a Warner Bros. para concientizar sobre la violencia, proteger a los espectadores y poner fin a las contribuciones políticas de algunos candidatos que apoyan el uso de armas. Además, pidieron que el estudio realizara donaciones para grupos de ayuda a víctimas de tiroteos. Joker no se proyectó en el mismo cine de Aurora donde ocurrieron los trágicos hechos.

La situación de alerta captó la atención del FBI y el ejército estadounidense quienes recibieron información sobre supuestos atentados o actos terroristas a través de redes sociales que ocurrirían al momento del estreno. Por lo mismo, alertaron a su personal para que tuviera cuidado y estuvieran vigilantes sobre actividades sospechosas. Y por supuesto, motivaron la denuncia en redes sociales o al 911.

A este escenario de incertidumbre y miedo se sumó el argumento de que Joker, lejos de ser un personaje del mundo de los cómics, es una figura que incita a la violencia y a la destrucción del orden social. ¿Es en serio? Hay que aclarar que Joker se aleja por mucho del nivel de violencia de otras producciones de Hollywood, de videojuegos o discos musicales que por su contenido explícito tienen ya candados de clasificación para su consumo.

Es increíble que en pleno siglo XXI nos asustemos del Joker como un mal ejemplo para la sociedad y que se depositen en él las frustraciones y fallas de un mundo disfuncional. Taxi Driver (EUA, 1976), por ejemplo, inspiró al personaje de Arthur Fleck (Phoenix) y tiene, por mucho, más contenido, lenguaje y mensajes “inapropiados” que Joker.

Gran parte de la audiencia ha juzgado incansablemente de forma negativa la película de Todd Phillips, satanizando la humanización del personaje que nunca antes había sido explorado de esta manera en el cine. 

La euforia mediática provocó que todos tuviéramos algo que decir sobre la película y hasta la fecha, Joker sigue dando de qué hablar en artículos, videos, entrevistas y portales de internet, que buscan desmenuzar cada escena para hallar explicaciones y tratar de darle sentido a la mente y las acciones del Guasón, lo que quiere decir que la fascinación por la película está lejos de terminar.

Hace unos días, en el cine Gran Rex en París, Francia, durante la proyeccón de la película de Phillips, una persona se paró de su asiento y gritó “Allahu Akbar”, frase árabe que en español significa “Dios es grande”, la cual se ha convertido en el “grito de batalla” que los terroristas vociferan antes de ejecutar un atentado. La gente corrió despavorida y el hombre terminó siendo arrestado sin mayores problemas.

Los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood tienen opiniones encontradas sobre Joker, y debaten las candidaturas y nominaciones que pueda tener la película para la próxima entrega 92 de los Premios Oscar, a celebrarse el 9 de febrero de 2020.

Se habla incluso de una segunda parte que espero no llegue nunca: hay que saber detenerse, respetar y admirar las joyas cinematografías que no requieren de la millonaria urgencia por producir secuelas porque sí. En lo personal, disfruté Joker como hace mucho tiempo no lo hacía con una cinta de superhéroes y agradezco la calidad y dedicación de todos los involucrados por entregar un producto digno y realista, a la altura de un villano ejemplar como el Guasón, sin duda, uno de los más queridos.

No hay que olvidar que se trata de un personaje ficticio del mundo de los cómics y que al igual que Batman u otros superhéroes, tiene la capacidad de generar empatía o aversión por sus condiciones humanas.

“De tal manera que cuando te encuentras atrapado en un desagradable tren de pensamiento, dirigiéndote hacia los lugares de tu pasado donde los gritos son insoportables, recuerda que siempre está la locura. La locura es la salida de emergencia…siempre puedes dar un paso afuera y cerrar la puerta a todas aquellas terribles cosas que sucedieron. Puedes ocultarlas bajo llave…para siempre.”*

*Cita del cómic The Killing Joke escrito por Alan Moore e ilustrado por Brian Bolland en 1988.

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