por Fernanda Ferrer

El amor, en todas sus formas, siempre será un tema recurrente en cualquier expresión artística y el cine, por supuesto, no es la excepción. Innumerables romances se han contado a lo largo de la historia del séptimo arte. Todos con diferentes enfoques y entendimientos de la experiencia del amor.

Por eso, este 14 de febrero les preparamos una lista con siete cintas que nos brindan, con humor o poesía, un pequeño abanico de la hermosa complejidad de las conexiones sentimentales.

1. Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, Jim Jarmusch, R.U./Alemania, 2013)

Cuando el amor es llevado al límite de la eternidad, inevitablemente oscila entre choques y reconciliación; entre soledad y depresión. Sólo los amantes sobreviven es la historia de amor entre dos vampiros que comparten una eternidad de encuentros, desacuerdos y mutua pasión, mientras languidecen entre las calles nocturnas y deambulan entre el límite de la vida y la fragilidad de la existencia.

A pesar de la palpable apatía por existir en un mundo que colapsa a su alrededor, el amor entre ellos los mantiene conectados y los ayuda a encontrar en el otro el significado de sus realidades, siempre juntos en una sublime armonía.

 

2. Laurence Anyways (Xavier Dolan, Canadá, 2012)

Probablemente la cinta más melancólica en la carrera de Dolan.  Explora lo intenso que puede ser una conexión que se da en medio de la profunda búsqueda de “quienes somos”. Una historia ambientada en los 80 y 90 donde Laurence y Frederique forman una pareja que se tiene profundo amor mutuo. Después de la reveladora noticia de que Laurence siempre se ha sentido como una mujer en el cuerpo de un hombre, nacen las dudas y la confrontación.

Ante la revelación, Fred entra en un espiral de confusión que culmina con la voluntad de querer seguir al lado de Laurence, sin importar su identidad. Es una cinta melódica, casi lírica, que no cae en el melodrama.

Laurence Anyways plantea el amor en diferentes etapas y con diferente etiquetas que se transforma con la distancia y el cambio, pero que de alguna forma permanece sin renunciar a uno mismo.

 

3. La noche de las nerds (Booksmart, Olivia Wilde, EUA, 2019)

El debut directorial de Olivia Wilde nos entrega una refrescante e inteligente comedia adolescente que, más allá de los clichés del género, habla de la amistad y la inevitable transformación a la que se llega en algunas etapas. Gran parte del encanto de esta cinta recae en la carismática dupla entre Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein. Dever y Beanie interpretan a dos mejores amigas que han dedicado sus años escolares a los logros académicos, dejando de lado todo evento social como novios o fiestas y que, en la última noche escolar, deciden darle un vuelco a estas prioridades.

La película cimienta un entretenido y actual retrato de las incómodas pero necesarias piedritas que a veces ignoramos pero que necesitamos enfrentar y sobrellevar en una amistad. Y, sobre todo, cómo a pesar de que después del cataclismo la relación debe transformarse y enriquecerse del cambio.

 

4. Langosta (The Lobster, Yorgos Lanthimos, Irlanda/Reino Unido/Grecia/Francia, 2015)

Una distopía donde las personas solteras, no importando la razón, son vistas como un “mal a remediar” son llevadas a un hotel donde deberán encontrar una pareja en cuarenta y cinco días o serán convertidos en un animal para deambular por el bosque.

El director griego ocupa la ciencia ficción para hablarnos de forma un tanto cínica sobre la forma en que la sociedad interpreta las relaciones humanas. Cómo el amor puede encontrarse fuera del genuino cariño. Cómo muchas veces permanecemos en una relación para evitar la soledad más que por el deseo de quedarnos en ella y cómo la presión social influye más de lo que quisiéramos en nuestros vínculos.

Al final, Lanthimos retrata de forma exagerada y surreal, la completa ignorancia con la que veces nos involucramos en las relaciones. De tal forma, Langosta es una cinta que invita a la propia disección de nuestros motivos. Más allá de la presión, las mentiras o la manipulación, yace una sinceridad emocional que muchas veces se esconde en trivialidades y Langosta nos confronta con ellas para, con suerte, alejarnos de ese mundo distópico donde la etiqueta vale más que los sentimientos involucrados.

 

5.Con ánimo de amar (In the Mood for Love, Wong Kar-wai, Hong Kong, 2000)

Pocas cintas han trascendido tanto en cuanto a su forma elegante de hablar sobre el amor como la magistral Con ánimo de amar de Wong. La cinta es delicada pero dramática y cuenta la sutileza con que dos vecinos del Hong Kong de los años sesenta forman una conexión cuando sospechan que sus parejas les son infieles uno con el otro.

La cinta es exquisita en sus acabados. Maravillosamente filmada, cuenta a través de miradas y gestos la melancólica y erótica forma del amor que nace como un espejo. Un ejemplo sublime del séptimo arte sobre lo dulce y ácido de los reflejos del amor: lo amargo, lo secreto, lo callado y lo dolorosamente embriagante que puede ser.

 

6.Mary y Max (Adam Elliot, Australia/Nueva Zelanda, 2009)

Pocas historias contadas en animación pueden ser tan sinceras y crudas en cuanto al significado y el poder de una amistad como Mary y Max. A lo largo de veinte años, surge una amistad por correspondencia entre una niña de ocho años que vive en Australia llamada Mary y un solitario hombre cuarentón con síndrome de Asperger que vive en Nueva York. La relación, a pesar de las grandes diferencias, se da de forma orgánica, equitativa, comprensiva y con mucha empatía.

Verla es una experiencia bellamente agridulce pues no teme ser explícita en la tristeza, los miedos, la pesada carga que todos tenemos como humanos. A la vez, es extremadamente tierna y reconfortante, pues nos habla de que, a pesar de la agrietante soledad, la comunicación, reciprocidad y conexión con la experiencia de alguien más puede mantenernos a flote.

 

7. Los amantes del Círculo Polar (Julio Medem, España, 1998)

La poética cinta de Julio Medem enmarca la filosofía del director y su obsesiva atracción hacia temas como el destino, la muerte, la casualidad y la melancólica naturaleza del amor.

Otto y Ana se conocen de pequeños por una tierna casualidad provocada y viven un amor juvenil que se reencuentra años después al filo del Círculo Polar Artico bajo un sol de medianoche.

Desde la premisa, la poesía con la que Medem relata el amor es palpable, pero Los amantes del circulo polar es igualmente sensible y realista. Con un amor que se descubre a sí mismo por primera vez y que vive añorando esa franqueza inicial.

Los amantes del círculo polar extasía el alma; añora el amor simple y profundo antes de que la complejidad adulta lo fracture y hace suspirar al espectador con la promesa de encontrar la casualidad de nuestras vidas.

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