por Leonardo Ponce

Los Grammy, esa gran fiesta de los premios a lo mejor de la música, se acerca y siempre es un buen pretexto para escuchar música nueva y revalorar nuestros discos favoritos del año pasado.

Como siempre, hay que tomar en cuenta que el arte no es una competencia y las nominaciones, así como los premios, no obedecen a un criterio objetivo ni racional, sino a un montón de factores. Habiendo dicho eso, podemos estar tranquilos con que este año la lista de los nominados en las categorías principales, es decir, las que no son específicas de un género, cubre un espectro muy amplio de géneros y estilos.

Con artistas como Lana del Rey, la niña prodigio Billie Eilish, Taylor Swift, Khalid, Bon Iver, Vampire Weekend y Ariana Grande encabezando las nominaciones más importantes de la noche, queda claro que ésta es una noche de diversidad musical.  Hay que notar también que la mayoría de los artistas nominados son jóvenes, lo que significa que los miembros del jurado premiarán música que apuesta por la vanguardia y es refrescante ver una ceremonia que premie a gente joven que sigue impulsando la música hacia el futuro en vez de vivir en la nostalgia.

El gran ausente de las categorías importantes la noche es, sin duda, el reggaeton, un género que, a pesar de toda la resistencia, ha ido cobrando mayor relevancia y ha alcanzado todos los rincones del planeta, logrando trascender la barrera del lenguaje.

En esta ocasión, los artistas de este género fueron relegados a las categorías que premian música latina, lo cual resulta un tanto extraño ya que, independientemente de preferencias musicales, es uno de los géneros más escuchados en el planeta. Aunque, a decir verdad, hay una “representante” de este tipo de música que seguramente se llevará la atención de la noche y ella es Rosalía, la cantante catalana que, si bien no hace reggaeton propiamente, está nominada a mejor artista nueva y su disco El Mal Querer está nominado a mejor álbum Urbano, rock latino o alternativo latino (Muy específica la categoría ¿no?).

El siglo 21 y la caída de las disqueras ha sido un arma de doble filo buena y mala al mismo tiempo. Por un lado, no tener una industria multimillonaria que respalde a los artistas como en los 90’s significa que hay menos recursos para apoyarlos. Por otro lado, menos poder y control sobre unos cuantos significa que hay más gente haciendo música, lo que genera una competencia un poco más equitativa.

En una lucha en la que las redes sociales y las plataformas de streaming son los verdaderos jueces del valor de una pieza musical, el campo de batalla se ha convertido en un lugar feroz y despiadado en la que tanto las disqueras grandes como las independientes despliegan sus mejores armas. Una competencia más equilibrada significa mayor diversidad y mayor diversidad significa más opciones para nosotros, el público. Hoy en día, la audiencia tiene un poco más de poder que antes. Eso es, por lo menos, un poco más justo a las viejas prácticas de las disqueras grandes por imponer sencillos en el radio para hacernos comprar discos.

Este escenario moderno hace que unos hermanos de California como Billie Eilish y su hermano Finneas; una chica afroamericana que no cumple los estándares aceptados de belleza como Lizzo; un rapero abiertamente gay como Lil Nas X, que junto al papá de Miley Cyrus hicieron un éxito viral, y una chica de Barcelona que mezcló el flamenco con ritmos urbanos como Rosalía, estén nominados en la misma celebración.

Por eso, hay que detenerse un momento para celebrar que vivimos un momento de la historia en el que hay más música y más diversidad a sólo un click de distancia. Y eso es algo genial.

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