por Paty Rodríguez

Después de un exitoso debut hace tres años con Belladona of Sadness, Alexandra Savior regresa con un nuevo álbum considerablemente distinto. Esta vez, la artista muestra su rostro en la portada mientras su música transmite una mayor angustia: The Archer es un melancólico y contundente reflejo de los errores, la lucha y el dolor que frecuentemente acompañan los cambios, la reconstrucción y la independencia.

Puede resultar conveniente conocer las circunstancias que rodean al álbum para acercarnos a él. En este caso, había pasado poco tiempo después del lanzamiento de Belladona of Sadness cuando Alexandra Savior comenzó a escribir este nuevo material. El enorme talento de la artista resultaba evidente y ella se había ganado la admiración de la crítica y el público indie con su álbum debut, en el que la participación de Alex Turner resultaba un destacable valor agregado: el músico había visto en ella grandes posibilidades y justamente por eso no dudó en escribir con ella su primer disco. El sueño de cualquier músico indie emergente.

Sin embargo, el lapso de tiempo entre su primer álbum y el nuevo fue tormentoso para la joven artista. A nivel profesional, se enfrentó a la renuncia de su manager, además de ser descartada por Columbia, su sello discográfico. También se sabe que Alexandra Savior no se salvó de los desencuentros personales: esas experiencias que no por comunes dejan de ser difíciles. Mientras tanto, seguía escribiendo, esta vez por su cuenta, sin el apoyo de leyendas indie ni el respaldo profesional de antes. No resulta sorprendente que, en una entrevista hace tres meses, la artista haya adelantado “hay depresión y corazones rotos” en The Archer.

The Archer, lanzado bajo el sello discográfico 30th Century Records (fundado por Danger Mouse) y producido por el cantautor Kevin Morby, es un álbum oscuro y vulnerable, en el que se diluye la influencia de Arctic Monkeys y se empiezan a adivinar tintes de Lana del Rey, de una psicodelia suave y diferentes tipos de baladas.

Un ejemplo de estas canciones lentas y emotivas es “Soft Currents”, que abre el disco y nos cautiva poco a poco con un piano que acompaña a la encantadora voz de Alexandra; ella, a su vez, canta sobre la melancolía, el arrepentimiento y la resignación que se siente al darnos cuenta de que el porvenir se define en gran parte por los errores y las malas experiencias. Otra canción bella y triste es “Can’t Help Myself”, con un pulso más animado y veloz, pero cuyos arreglos acompañan el mensaje un tanto autocompasivo y desesperado de la letra.

Hay momentos en los que la vibra de las canciones es similar a lo que conocíamos con Belladona of Sadness: regresa un indie rock sutilmente más pesado y una furia subyacente a la melancolía. Tal es el caso de canciones como “Saving Grace”, “Howl” o “The Phantom”, cuyas letras reclaman con enojo a la providencia y a la “gracia salvadora”; piden auxilio ante los pensamientos obsesivos o lamentan un amor malogrado, respectivamente. Así, la amargura de la letra se complementa con la energía de la música.

Tal vez, si tuviera que elegir una canción que condensara la esencia del disco en su totalidad, no optaría por la homónima y conciliadora “The Archer”, me decantaría por el primer sencillo “Crying All the Time”. Con el trasfondo del álbum, no resulta sorprendente que el acto de llorar se convierta en un motivo frecuente, pero esta canción se regodea completamente en él. La música rescata en parte este ritmo indie rock, pero también incorpora arreglos de sintetizadores que le dan un giro novedoso, característico del álbum. Tanto en esta canción como en la totalidad del disco, somos testigos de esta dolorosa pero interesante reconstrucción de Alexandra Savior.

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