por Fausto Ponce

En su segunda temporada, Sex Education de Netflix se adentra con éxito en el pantanoso terrero de los tríos y los desencuentros amorosos. Pero no se trata de esos tríos que “resuelven sus diferencias en la cama” sino en los malos tercios, en la sombra del ex novio o la ex novia que hace tambalear lo que se tiene en el presente.

A lo largo de ocho episodios, nos topamos con encuentros y desencuentros que van hacia todas direcciones y que darán como resultado algunos corazones rotos. Así es la adolescencia. Aunque pensándolo bien, pasa también seguido durante la adultez, justo cuando uno debería ser más sincero

En la segunda temporada de Sex Education veremos a Otis (Asa Butterfield) tratar de manejar su despertar sexual y la relación que tiene con Ola (Patricia Allison). A su vez, Maeve (Emma Mackey) encontrará la manera de regresar a la escuela, lo cual le complicará la vida a Otis. Sin embargo, la susodicha se topará con una terrible sombra de su pasado que amenaza con desestabilizarla.

Dos personajes más se toparán con sus respectivas sombras: por un lado, Eric (Ncuti Gatwa), quien recién está descubriendo el amor de una pareja, debe lidiar de pronto con la reaparición de Adam (Connor Swindells); y, por el otro, tenemos a Jean (Gillian Anderson), la madre de Otis, que con la aparición espontánea de su ex marido deberá confrontar lo que siente por Jackob (Mikael Persbrandt).

Paréntesis: Si la vida de los personajes adolescentes de la serie será difícil, la de los adultos también se tornará complicada. Y es que, a veces, muchos años de experiencia no son suficientes para lidiar con nuestros problemas, lo cual ayuda a emparejar al mundo adolescente con el de sus progenitores, y viceversa.

El consultorio sexual de Otis pasará por una mala racha luego de que su madre — por diversos motivos que no revelaremos aquí —, se instale por varios días en su escuela para revisar el plan de estudios relacionado con la educación sexual. Lo cual se volverá un tema importante en la relación entre madre e hijo.

Esta segunda temporada está a la altura de la primera: mantiene la frescura, el ingenio y la comedia de calidad, sólo que resulta un poco más dolorosa. Si algo hay que reprocharle a la serie es que en un par de capítulos les da por entrarle al discurso aleccionador sobre sexualidad, igualdad y equidad de género que rompe, en general, con el tono de la serie.

Luego de esta estupenda y divertida segunda entrega será difícil esperar la tercera parte. Ojalá que los corazones de algunos personajes sanen por completo para la siguiente.

 

 

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