por Miguel Ángel Martiñón

Cats (Reino Unido y EUA, 2019), la adaptación cinematográfica del exitoso musical homónimo de Broadway, fracasa en su intento de traducir el lenguaje teatral al del séptimo arte y termina por ser una experiencia aburrida y hasta aterradora.

Con este filme, el director Tom Hooper rompe su racha de cintas meritorias de los Óscares, tales como El discurso del rey (Reino Unido, EUA y Australia, 2010), Los Miserables (Reino Unido y EUA, 2012) —en la cual el cineasta experimentó exitosamente con el género del musical— y La chica danesa (Reino Unido, EUA, Alemania, Dinamarca, Bélgica y Japón, 2016).

La historia, al igual que la obra musical de Andrew Lloyd Webber inspirada en los poemas de T. S. Eliot, cuenta los acontecimientos de la noche en la que los gatos Jélicos (no esperen respuesta del significado de este término) eligen, como cada año, a quien ha de acceder al Edén Sideral, un lugar divino donde los gatos renuevan su vida.

El problema de Cats no está en la historia, sino en la forma de abordarla: personajes sin mayor relación entre ellos presentados en canciones interminables sucedidas unas tras otras y sin descanso para agregar diálogos que clarifiquen la línea argumental. Esto deriva en la pérdida de atención del espectador y en su eventual aburrimiento.

Universal, a pesar de haber invertido en la producción 95 millones de dólares, recuperó en su primer fin de semana tan solo 6 mdd de los 15 que estimaban de forma pesimista. La taquilla no se salvó ni por el gran elenco integrado por reconocidos actores y figuras de la cultura pop como Jennifer Hudson, Judi Dench, Ian McKellen, Jason Derulo, James Corden y Taylor Swift —las participaciones de estos dos últimos son las más rescatables—.

Y es que la película tuvo problemas desde el momento en que publicaron el trailer, mismos que se agravaron cuando por fin llegó a las salas, ¡con efectos digitales inacabados! Más tarde, la productora anunció que mandaría nuevas versiones con las correcciones pertinentes. Pero el daño ya estaba hecho y se encontraba tanto en la mala calidad del CGI como en sus gatos bailarines antropomórficos.

Si bien es cierto que esta fórmula funcionó para el teatro musical —en donde los vestuarios y el maquillaje de los personajes lucen imponentes y elegantes— , no sirve en el cine, pues hay momentos en que la combinación realista de rasgos felinos y humanos es tétrica e incómoda de ver.

Cats es una película para el olvido que demuestra cómo el ímpetu y la curiosidad por hacer remakes y adaptaciones cinematográficas al por mayor pude acabar matando al gato.

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