Nota: Esta reseña contiene spoliers

por Leonardo Ponce

 

El final de la primer temporada de Watchmen ofrece un cierre decoroso y muy satisfactorio sin embargo se queda lejos de competir con la historia original. En ocasiones, la serie de HBO parece como una historia de fan fiction hecha a partir de la novela gráfica original.

En el último episodio finalmente encontramos respuestas a preguntas que nos habían perseguido durante toda la temporada: ¿Qué es lo que busca la Séptima Caballería? ¿Qué es lo que trama y quién es realmente el personaje de Trieu? y ¿Cuál es la verdadera historia que une a William Reeves y Angela Abar?

La séptima Caballería comandada por el senador Keene y Trieu están tras el poder del Dr. Manhattan. Tanto Keene como la científica Trieu (hija de Veidt) quieren desintegrar al Dr. Manhattan para absorber sus poderes.

Al mismo tiempo, William Reeves (alias Hooded Justice) hace un acuerdo con Trieu por eliminar a los miembros de esta organización fascista quienes resultan ser los herederos de una organización conocida como Cíclope, misma que Hooded Justice, abuelo de Angela Abar combatió en los 30 cuando era miembro de los Minutemen.

Así pues, vemos la completa destrucción de la Séptima Caballería orquestada por Trieu, la muerte de Dr. Manhattan y una emotiva reunión entre Adrian Veidt y Laurie Blake (antes Juspeczyk) en la que Adrian Veidt termina salvando al mundo (una vez más), sólo para caer preso en las manos de la justicia.

Los primeros episodios son un poco confusos (especialmente si no has leído el cómic o visto la película) y resultan dificiles de seguir: Mucha información, muchos personajes y muchas líneas del tiempo se nos presentan con la intención de captar nuestra atención pero demandan de un gran esfuerzo por parte espectador. Y mientras más subes, más dura es la caída.

Una vez que los hilos se resuelven es difícil no sentir que el nivel de complicación en la trama de los primeros episodios era más un truco por tapar deficiencias que un desarrollo orgánico y natural de la historia.

Sin embargo, la temporada cierra muy bien todas las líneas y es objetivamente una muy buena serie de entretenimiento para la televisión. Sus fallas tienen que ver sobre todo con que el trabajo original (la novela gráfica) es una obra maestra y la serie resulta muy pequeña en comparación. Y salvo momentos específicos como los capítulos 7 y 8 en los que vemos dos giros inesperados en dos personajes antiguos, o las escenas en las que vemos a los personajes de la historia original interactuando, la serie resulta carente de sustancia y profundidad.

La novela gráfica plantea, a través de sus personajes principales, diferentes moralidades y formas de ver y entender el mundo.

Representado por una carita feliz manchada de sangre, el universo de Watchmen, a través de una historia de superhéroes, propone que el mundo, que parece funcionar con una moralidad dual (el bien contra el mal), también contiene capas de crueldad y dolor que hacen que sea un lugar complejo lleno de contradicciones.

La serie, en cambio, propone una moralidad blanco y negro en la que los villanos tienen ambiciones dignas de las series inocentes y bobas de superhéroes de los 70. Es decir, es muy fácil saber quienes son los buenos y quienes son los malos, lo cual traiciona fundamentalmente el espíritu de la historia.

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