por Miguel Ángel Martiñón

Negra Navidad (EE.UU y Nueva Zelanda, 2019) ofrece una visión alegórica de la violencia de género a través de suspenso bien logrado y uno que otro screamer.  Sophia Takal, en su cuarta película como directora, transgrede los estereotipos del género slasher, haciendo reflexionar a la audiencia sobre el abuso sexual y las consecuencias de su exposición pública en los tiempos modernos.

La cinta cuenta la historia de Riley Stone (Imogen Poots), una adolescente universitaria que busca ordenar su vida después de haber sido agredida sexualmente por su exnovio. La protagonista, tras armar un número musical al estilo Mean Girls (EE.UU, 2004) para denunciar el abuso dentro de la hermandad, descubre que otras compañeras están siendo agredidas y empieza a recibir mensajes con amenazas en redes sociales.

Riley, en la senda por encontrar a sus amigas desaparecidas, descubre los hilos de una organización estudiantil de hombres que, cegada por la misoginia, perpetúa la violencia y el desprecio hacia las mujeres.

Negra Navidad es una película que rompe con algunos estereotipos del cine de terror en general y del subgénero slasher —definido por la aparición de un psicópata que persigue jóvenes para asesinarlos— en particular.

En primer lugar, hay que señalar que el crew de la cinta es mayoritariamente femenino: April Wolfe y Sophia Takal escriben el guion y Aleyse Shannon, Imogen Poots, Lily Donoghue, Brittany O’Grady, Caleb Eberhardt, Simon Mead y Cary Elwes actúan, algo que es poco usual en la industria cinematográfica. En segundo lugar, destacan las escenas de acción donde vemos mujeres defendiendo mujeres, haciéndose valer de la sororidad —hermandad entre mujeres— para empoderarse y apoyarse unas a otras.

Un tercer aspecto que diferencia a Negra Navidad de otras películas del mismo género es el cambio en la causa de los ataques del villano: las chicas son agredidas por evidenciar un abuso, cuando normalmente en el cine slasher las agresiones recaen en personajes tentados por sexo o alcohol.

Otro punto bien logrado tiene que ver con el uso de planos cerrados para dejar al espectador en suspenso, a merced de lo que la directora decide poner a cuadro para asustarlo. Éste y otros aspectos de la narrativa visual llevan el sello de Blumhouse Productions, la misma productora de Huye (Jordan Peele, EUA, 2017).

Pero el filme —segundo remake de la película homónima de 1974— no se limita a romper estereotipos y asustar gente, sino que deriva en una reflexión sobre la sociedad machista que violenta a las mujeres orillándolas a la sumisión y alienación.

Y si el arte imita a la vida, esta película se revela como una respuesta a los movimientos sociales que alrededor del globo buscan reivindicar los derechos de las mujeres.

En resumen, Negra Navidad es una cinta transgresora, actual y oportuna, que bien puede hacerte saltar del asiento o ponerte a cavilar sobre la violencia de género. La opción perfecta si lo que quieres es propiciar un debate post-película.

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