por Paty Rodríguez

F&M, el nuevo disco de Lindemann, viene lleno de energía e ideas nuevas que nos muestran que Till Lindemann (vocalista de Rammstein) y Peter Tägtgren (miembro de Pain e Hypocrisy) tienen mucho por ofrecer al mundo del metal con su trabajo en conjunto. Se trata de un disco bastante experimental.

A diferencia del disco anterior, Skills In Pills, en el que las canciones están en inglés, con F&M podemos escuchar de nuevo la voz de Till cantando en alemán, su lengua materna. F&M son las iniciales de “Frau & Mann” (hombre y mujer), título que lleva uno de los sencillos del disco.

La primera canción, “Steh Auf”, refleja enojo y desprecio con la voz de Till, sentimientos que se ven reforzados por las percusiones y las guitarras distorsionadas, enérgicas y marcadas. Sin duda, es una canción muy catártica para quien necesite desahogarse de un día pesado.

El disco continúa con “Ich Weiss Es Nicht”, que contrasta con el tema anterior por su principio tenso y lento, que rápidamente se prende con la introducción de un sintetizador que incluso podría sonar alegre en otro contexto. Toda la canción está llena de contrastes y tiene un estribillo muy melódico que se quedará en la cabeza de quien la escuche.

“Allesfresser” mantiene a tope la energía con que empezó el álbum, sin que por eso esté cerca de volverse monótono. Aquí se muestra el tema musical desde el principio con un guitarra que suena hipnótica, para después repetir el mismo tema a todo volumen y luego volver a la dinámica inicial. Estos contrastes hacen que el escucha se sorprenda constantemente a lo largo de la canción.

“Frau & Mann”, la canción que le da nombre al disco, destaca por ser más sorpresiva que las demás, desde el “ay ay ay” del principio que se repetirá a lo largo de la canción, cualquiera se da cuenta de que no hay modo de predecir qué es lo que se está a punto de escuchar, no sólo dentro de la canción, sino en todo el álbum. La canción, a pesar de sus armonías tensas y de la voz siempre tan grave de Till, raya en lo divertido.

En “Platz Eins” se reflejan más los elementos de la música electrónica que a veces usa Rammstein, que están presentes en todo el disco, sin embargo, no por eso suena como Rammstein, ya en esta canción se mantiene como elemento principal y no sólo es un recurso de coloración musical. Aquí, el ritmo más característico lo lleva la voz de Till.

“Wer Weiss das Schon” es la penúltima canción del álbum y se hace notar porque, ahora sí, después de mucha energía sin parar en las canciones anteriores, llega una balada. En vez de poderosas guitarras eléctricas, el acompañamiento aquí es un piano melódico con algo de melancolía y una batería lenta que carga de emotividad la canción, además de un acompañamiento orquestado. La voz de Till aquí se luce por su gran capacidad expresiva, que, si bien ya había mostrado en algunas canciones de Rammstein, sigue siendo un aspecto que el cantante ha explorado poco.

En general, se puede concluir que es un gran álbum lleno de sorpresas, ya sea por sus ritmos dinámicos, por su instrumentación inesperada o por las diversas emociones que es capaz de generar. Nos muestra que los artistas del proyecto Lindemann son mucho más que las bandas que les han dado fama y que pueden experimentar con la música para ofrecernos algo nuevo.

 

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