por Jerónimo Arellano Zandi

El apocalipsis zombi desciende sobre el pueblo ficticio de Centerville en Los muertos no mueren, la última y divertida película del director Jim Jarmusch. Una comedia en la que los personajes son incapaces de lidiar con el fin del mundo.

Bill Murray es Cliff Robertson, jefe de la policía y líder de un pequeño grupo que hará todo lo posible por sobrevivir el Apocalipsis zombi. La película inicia con Robertson y su compañero de policía, Ronnie (Adam Driver), visitando a Bob “El Ertimaño” (Tom Waits), acusado de haber robado unas gallinas. Bob, nada contento, les dispara y en vez de detenerlo, Robertson le dice que se porte bien, dejando al excéntrico personaje en paz.

Mientras los dos policías regresan al pueblo, se percatan de que ya debía haber anochecido y hay algo extraño en el ambiente. Entonces Ronnie dice: “Esto va terminar mal”, algo que repetirá durante toda la película y que se vuelve el eje de la misma.

En otros sitios del pueblo, mascotas y animales de granja se comportan de manera curiosa: unos arañan a sus dueños, otros se ocultan bajo los coches rehusándose a salir y los demás huyen hacia al bosque, dejando a los humanos a su suerte. Por más que se preguntan la causa de los acontecimientos, los pobladores no tienen respuesta y continúan con su rutina hasta que los zombis atacan.

Robertson, de la mano de otros habitantes, lucha hasta su último aliento en contra de los no-muertos, pero con poca posibilidad de victoria ya que las palabras de Ronnie son casi proféticas y parece que el hado ha planeado el fin de la especie humana.

El género zombi se divide en dos vertientes principales: el pesimista donde los humanos están condenados y no hay momentos de alivio para el espectador, y el cómico donde aunque hay un final lúgubre y los personajes terminan en situaciones tan improbables que generan carcajadas en el espectador.

La película de Jarmusch pertenece al género cómico y mucho se debe a su manejo de humor seco, en el que las reacciones de los personajes carecen de emoción. Para este tipo de humor se requiere de actores carismáticos y, afortunadamente, la película cuenta con ellos: el elenco cumple a la perfección con su papel, los roles están bien definidos y las reacciones de los personajes son la mayor fuente de risas para el espectador.

Sin el gran elenco que reúne Jarmush en su cinta, Los muertos no mueren no sería tan efectiva. Los  personajes, interpretados por Bill Murray, Adam Driver y Chloë Sevigny luchan contra algo que está fuera de su alcance, mientras que Tilda Swinton funge como una excéntrica enterradora de origen escocés y ama de la espada; Iggy Pop es un zombi; Steve Buscemi, un granjero racista odiado por todos y Tom Waits es el ermitaño que sabe más que el resto.

Otro logro del director es la inclusión de elementos que generalmente no se asocian con el género zombi, como el comportamiento de los animales durante el holocausto o que la causa del ataque sea causado por la forma en la que los humanos han alterado el medio ambiente con tecnologías como el fracking. Gracias a estos aditivos, Jarmusch logra darle un tono más bíblico al final de la especie humana que recibe su merecido.

Algunos conocedores del cine dirán que no es su mejor película y tendrían razón, sin embargo, el filme es divertido y cumple con entretener.

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