por Miguel Ángel Martiñón Calzada

Mind the Moon, el tercer álbum del dúo berlinés Milky Chance, lleva al escucha a una travesía por ritmos e influencias provenientes de diferentes partes del mundo y termina lanzándolo a la luna en una nave de ensoñación y melancolía de la que no querrá bajar.

El vocalista Clemens Rehbein y el DJ Philipp Dausch lo “volvieron a hacer” y entregaron un trabajo que, como sus dos predecesores —Sadnecesary (2014) y Blossom (2017)—, mezcla varios estilos musicales para transformarlos en algo completamente nuevo, original y refrescante. En este viaje por el globo el dueto recorre géneros de África, Portugal, el Caribe e incluye colaboraciones con artistas australianos, belgas y sudafricanos.

Las canciones repiten la fórmula que desde “Stolen Dance” (2014) los llevó al éxito y los hizo identificables: riffs de guitarra sencillos pero pegajosos, versos cantados aletargadamente y coros en lo que la voz de Clemens revienta en un grito rasposo, desesperado y melancólico; sin embargo a esto se le agregan nuevos instrumentos como bongoes, cajas de ritmo 808 y sintetizadores psicodélicos en primera instancia, pero que para el final del disco derivan en un estilo house.

La aventura de Mind the Moon empieza con “Fado” —palabra derivada de la raíz latina fatum que significa destino—, una pieza inspirada en una canción portuguesa utilizada por la clase media citadina para expresar melancolía. Comienza con un ritmo urbano bailable que se interrumpe dramáticamente para dar paso a un coro donde el artista se pregunta: que pasaría si los pájaros ya no supieran cómo cantar, qué pasaría si te lastima, escuche que esto es el destino.

Así sienta la idea central del disco: una obsesión por el destino y como este puede herirnos cuando nos alcanza.

En “Oh Mama” la banda reflexiona sobre lo difíciles que parecen los problemas cuando se nos presentan, y lo sencillo de su respuesta cuando los vemos en retrospectiva. Estos pensamientos son reforzados por bajos y sintetizadores que perecen llorar durante toda la canción.

“The game” se inclina por un estilo reggae revestido con bongoes y una caja 808 que juntos marcan un rasposo ritmo digno de cualquier buen cumbión. La canción sigue la línea reflexiva de “Oh mama”, pues versa sobre lo fácil que sería no cometer errores si tuviéramos las reglas del juego de la vida.

En “Rush” una guitarra marca el compas de la pieza con la apremiante cadencia de un metrónomo mientras la letra discurre sobre la tristeza a superar cuando nos obsesionamos con los errores día y noche. Esta canción inicia las colaboraciones del álbum de la mano del artista belga-congoleño Témé Tan.

“Daydreaming” cuenta con la participación de la cantautora australiana Tash Sultana, quien aporta sonidos espaciales al tiempo que Clemens canta acerca de los sueños y como estos ayudan a escapar de la realidad. Esta canción junto con “We Didn’t Make It To The Moon” dan al público un paseo ensoñador por la luna.

La última colaboración corre a cargo de la banda sudafricana Ladysmith Black Bambazo, la cual en “Eden’s House” hace profundos coros de fondo a una canción que con sólo voces y guitarra tiene fuertes vibras de música africana.

Por su lado “Long Run” y “Scarlet Paintings” tratan al amor en sus letras y recuerdan un poco más al estilo de sus trabajos pasados. La primera toca el tema de las relaciones tambaleantes y la esperanza de que al final duren a largo plazo; la segunda —que introduce el house en el disco— es una declaración de desamor.

Sintetizadores espaciales y misteriosos al estilo del disco de los setenta están presentes en “Right From Here” y “Fallen”, dos canciones de house cuyo clímax tarda un poco en llegar, pero que pondrán a bailar a más de uno.

El disco cierra con “Window”, una pieza Trap donde Clemens canta depresivo sobre su sentir al escribir “destrozado” en su cuarto a la vez que ve pasar sus pensamientos delante de su ventana.

Mind the Moon es un experiencia musical completa que un momento te hará reflexionar sobre el destino, en otro te pondrá a cantar a todo pulmón junto con Clemens Rehbein, y al siguiente te incitara a bailar: un álbum ideal para cualquiera en busca de emociones y géneros variados, así como de música que se salga de los esquemas.

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