Reseña de la actuación de Belinda en el Foro Sol durante el concierto de Los Caligaris

por Pascual Morones

Han pasado casi dos semanas desde que la banda argentina Los Caligaris llevara al Foro Sol de la Ciudad de México su gira La noche más feliz del mundo. Entre muchas sorpresas hubo una que llamó particularmente la atención: la participación de Belinda.

La noche del concierto, Belinda emergió en el centro del escenario para unirse en la voz a Juan Carlos y Martín al ritmo de “Todos locos”. Caracterizada como payasa, al muy estilo caligari, Belinda se adueñó de la canción y por poco más de dos minutos representó a centenares de mujeres que brincaban al ritmo de no somos muchas, no somos pocas, pero estamos todas locas.

Se cantó el último coro y, como por arte de magia, los fantasmas del pasado de Belinda inundaron el foro de la Magdalena Mixiuhca. Y es que la actuación de Belinda no pareció suficiente para la gente que empezó a gritar a una sola voz: “Saaaaapito, saaaaapito”.

Mientras las palabras de Belinda eran opacadas por el grito, comencé a reflexionar sobre qué sentirá ella al respecto de este fenómeno, para mi: un viaje a mi primera década de vida y ese amor de niño frente a la protagonista de Aventuras en el tiempo y Cómplices al rescate recorre mis recuerdos cada que esa palabra que empieza con “s” vuelve a retumbar en el Foro Sol.

Y es que en aquella época, escuchar “Sapito” era de “ley” en toda reunión infantil a la que ibas ya que te garantizaba estar “a la onda”. Jamás cruzó por mi mente que 17 años después tendría a Belinda frente a mi y que varias generaciones pedirían esa canción haciéndome sentir en una fiesta de cumpleaños.

Belinda seguía ahí, frente a 50 mil personas, hablando sin poder ser escuchada, maquillada como payaso, atrevida, bella, imponente, arriesgándose una vez más. Increíble como aquella canción infantil se pone un escalón por encima de su discografía y de colaboraciones que ha hecho con artistas como Los Ángeles Azules, Moderatto, Juan Magan e incluso los Kumbia Kings.

Tras un par de minutos hablando en el escenario, Belinda caminó al fondo del escenario y, en un viaje a 2006, comenzó a cantar “Bella traición” de su disco Utopía.

Como si fuera una respuesta a los gritos, Belinda tomó su canción y la interpretó como nunca. Junto a Martín en la voz, la cantante utilizó cada palabra como muestra de lo que representa como artista, mostrando al mismo tiempo lo que ha crecido a lo largo de su carrera. Estamos siendo partícipes de un exorcismo musical. El fantasma del pasado disfrazado de anfibio pierde fuerza.

Aquellos familiarizados con esta canción, me incluyo, agradecimos el gesto y entonamos la letra bañados en un viaje de nostalgia. El dominio del escenario que tiene la cantante es increíble. Por ese rato, Los Caligaris pasaron a segundo plano y se vieron opacados por el brillo del talento que tiene esta mujer.

El viento de la noche más feliz del mundo se lleva, cual suspiro, el último acorde de “Bella traición”. Belinda nos libera y el grito que atrae a los fantasmas de pasado va desapareciendo.

Belinda se despide del escenario dejando una lección: no importa en qué momento estés, siempre aparecerán cosas del pasado y gracias a ellas somos lo que somos, así que no hay que huirles simplemente aceptarlas, vivirlas y darles la vuelta. Juan Carlos recupera su lugar frente al escenario y da pie a una de las canciones más esperadas de la noche: “Kilómetros”.

Cada vez que pienso hoy me doy cuenta donde estoy y entiendo menos, los fantasmas que inundaron el Foro Sol desaparecen por completo, nunca supe bien por qué ni en qué momento me empezó a ganar a mi este sentimiento, el show debe continuar…

 

 

 

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