por Jerónimo Arellano Zandi

Polvo (México, 2019) es una modesta comedia de humor negro con un final inusual dirigida y protagonizada por Chema Yazpik.

Ubicada en la década de los ochenta en Baja California, narra cómo El Chato (José María Yazpik) regresa a su pueblo para recuperar un cargamento de cocaína que cayó en la comunidad después de un accidente aéreo.

El Chato dejó su pueblo hace una década para convertirse en estrella de cine, sin embargo, fracasó y terminó trabajando para narcotraficantes. El Doctor (Jesús Ochoa), su superior, le perdona la vida después de una pifia y le da la misión de recuperar la coca, dejando claro que si fracasa, mandará un comando al pueblo y correrá sangre.

Llegando al pueblo, el Chato busca la ayuda del cura Leovigildo (Carlos Olalla) para convocar una asamblea con los pobladores en la que les dice que trabaja para una farmacéutica, que los paquetes de cocaína son medicina y que por cada paquete que le recuperen, les dará 100 dólares.

Mientras los pobladores se enfocan en buscar paquetes, el Chato busca a su viejo amor, Jacinta (Mariana Treviño), quien se casó con su mejor amigo y tiene un hijo. Ella le echa en cara que él había prometido regresar pero se fue 10 años y ella tenía seguir con su vida. Todavía existe cierta atracción entre ellos pero la situación en el pueblo se comienza a complicar.

Los pobladores están encantados con la nueva abundancia. Sin embargo, la avaricia se apodera de ellos y exigen más dinero por los paquetes. Sin embargo, algunos saben que el Chato está mintiendo y le complicarán su tarea.

El humor en Polvo funciona gracias a la forma en que muestra los defectos de los seres humanos y los estereotipos de los pobladores. Sin embargo, los diálogos dependen demasiado de insultos repetitivos como “pendejo” lo cual arruina algunas de las situaciones cómicas.

Yazpik y Alejandro Ricaño, encargados del guion, logran construir personajes muy interesantes, pero el humor debería surgir del comportamiento y las situaciones, no de las groserías.

El diseño de producción y la ambientación, a cargo de Bárbara Enriquez lleva al espectador a sentirse  sumergido en un pueblo pequeño, olvidado por el progreso pero que ha logrado sobrevivir.

Las actuaciones son disparejas. Mientras unas están demasiado caricaturizadas como la de Jesús Ochoa, otras son muy convincentes como la de Carlos Olalla, quien logra proyectar la hipocresía de la iglesia católica a la perfección y con elegancia.

La actuación más interesante es la de Yazpik, aunque el acento no es del todo convincente, logra presentar un personaje atrapado, por un lado, su pasado con Jacinta lo acecha y, por el otro, lo atormenta la amenaza del castigo que caerá sobre el pueblo si no cumple con su misión. ÉL lo proyecta sin exageraciones y de una manera muy realista, logrando conectar con el espectador.

Polvo es el debut de José María Yazpik como director y es un buen primer intento. Todos los elementos de la película trabajan orgánicamente para contar la historia, aunque algunos lo hacen mejor que otros. Cabe mencionar que dónde reluce como director es el final de la película, eligiendo terminarla de una manera tajante pero muy realista e impactante.

Dirigir, escribir y actuar no es tarea fácil y Yazpik se puede sentir orgulloso de su primera película.

Se estrena el 8 de noviembre.

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