por Jerónimo Arellano Zandi

El arte de defenderse (Estados Unidos, 2019) es una buena película que narra el viaje de Casey (Jesse Eisenberg), un contador con una vida estéril que decide practicar karate después de sufrir un brutal ataque en la calle.

Casey es torpe, cobarde y no tiene amigos, salvo por su fiel dachshund. Su vida es una existencia monótona en la que sólo trabaja, cuida a su perro y aprende francés. Una noche llega a casa para darse cuenta de que no hay comida para el perro y sale a comprarla pero es atacado por una pandilla de misteriosos motociclistas que le dan una golpiza que lo deja traumado.

El incidente ocasiona que Casey adquiera una pistola pero tiene que esperar a que verifiquen que no tiene antecedentes penales, por lo que, consumido por el miedo, decide probar una clase de karate gratuita. Allí conoce a Sensei (Alessandro Nivola), el maestro y dueño del dojo. La muestra de virilidad y fuerza durante la clase convence a Casey de unirse a la escuela.

Casey conoce a otros alumnos del dojo, incluyendo a Anna (Imogen Poots), la mejor alumna del dojo pero Sensei se rehúsa a darle el cinturón negro por ser mujer. Muy pronto, él se gana su cinturón amarillo y la atención de Sensei, quien lo invita a participar en las clases nocturnas que son mucho más extremas y violentas.

Allí, Casey se percata de la crueldad de lo que enseña Sensei cuando le rompe el brazo a un estudiante no invitado y Anna hace pedazos a otro alumno.
Casey comienza a cambiar sus hábitos por recomendación de Sensei: abandona el francés y comienza a estudiar alemán, ya no mima a su perro y escucha metal. Eventualmente, es invitado a trabajar como contador del dojo y descubre una serie de secretos que lo confrontan con el Sensei y sus enseñanzas, orillándolo a elegir entre tomar las riendas de su vida o continuar su descenso hacia un mundo violento.

La película es la segunda de Riley Steams, quien logra crear un universo partido en dos: por un lado está la patética y aburrida vida de Casey mientras que del otro lado está la crueldad, la violencia y la adrenalina que ofrece la vida del karate. Steams logra crear un ambiente cómico dentro de una historia cruel, con diálogos, a veces robóticos, que generan risas y alivian la tensión.

No obstante, lo más sobresaliente del guion es la forma en que evoluciona la historia gracias a giros que sorprenden al espectador y cambian la dirección de la trama en numerosas ocasiones.

Las actuaciones son sólidas, Alessandro Nivola e Imogen Poots presentan personajes fríos, cortantes y hasta perturbadores, pero sin caer en el extremo que eliminaría el elemento cómico de la película. Jesse Eisenberg actúa como siempre actúa, pero eso funciona muy bien para el personaje de Casey.

El arte de defenderse es una película muy inteligente. Por la temática ha sido comparada con El club de la pelea (1999) en algunos medios. Y, aunque existen similitudes, el enfoque es distinto. El arte de defenderse no tiene tintes políticos y se centra en lo personal.

No es una obra maestra pero vale la pena echarle un vistazo.

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