por Paty Rodríguez

All Mirrors, el más reciente álbum de la estrella indie Angel Olsen, está conformado por una serie de once canciones con letras íntimas e instrumentación etérea. El resultado es un recorrido oscuro, profundo y catártico, donde la constante temática consiste en sobrellevar con fortaleza las batallas con los demás y sobre todo, con uno mismo.

Angel Olsen siempre se ha caracterizado por reflejar claramente su mundo interior, sus experiencias y sus sentimientos en la música. En general, con una voz suave pero expresiva, acompañada de su infalible guitarra acústica (o eléctrica), la artista originaria de Missouri ha cantado con gran sinceridad sobre los pensamientos y los hechos que la atormentan.

En el caso específico de All Mirrors, la honestidad e intimidad que caracterizan a Angel Olsen son llevadas al máximo.

El nuevo álbum explora de manera más profunda los aspectos oscuros del interior y de los conflictos con otras personas, y esto también se nota en la música: los expresivos sintetizadores y los efectos melancólicos de música electrónica son una constante a lo largo de todo el álbum. Cuerdas, ecos, melodías emotivas que se sienten lejanas: Angel Olsen se interna de esta manera en un nuevo sonido y reinventa de esta manera su voz.

El álbum abre con “Lark”, una de las piezas más potentes del álbum que podría despistarnos por comenzar con un volumen bajo y una energía delicada. La fuerza musical de la canción va aumentando gradualmente, hasta llegar a puntos climáticos en los que Olsen canta con mucha fuerza y una voz realzada con efectos de reverberación.

La letra de “Lark” habla de un tema difícil: la incomprensión y la incapacidad de escuchar durante una discusión con la persona que se ama. Angel Olsen, quien se enfrentó a la pérdida de amistades significativas y a la ruptura de una relación seria desde 2016 (año en que lanzó su anterior álbum, My Love) dice “esta canción fue para mí un ejercicio para dejar ir esos demonios, como diciendo: debo quemar y derrumbar esta casa”.

“Spring”, por su parte, no es del todo introspectiva en su emotividad; por el contrario, el foco de atención se coloca en las personas que rodean a la artista. En el caso de “Spring”, una pieza de melodía dulce, la letra habla sobre la gran brecha entre la juventud y la madurez, basándose en la experiencia de una amiga de Angel Olsen: “a los quince años, ella estaba en todas las bandas femeninas punk y dejó la escuela. Ahora es una maestra, tiene dos niños, compró una casa en Chicago y sale a correr todos los días […] pensé en cómo ha tenido que dejar ir algunos estilos de vida, pero aún así, sigue siendo la misma”.

La pieza que cierra el álbum es tal vez la más desgarradora y resulta perfecta para concluir un álbum que a lo largo de cuarenta minutos ha explorado la dificultad de las relaciones, los conflictos con uno mismo y la ansiedad de experimentar el cambio: “Chance” es una canción instrumentada con cuerdas y piano, y mientras armoniza progresiones de acordes básicas pero emotivas, Angel Olsen canta sobre la incertidumbre que se vive en el presente. “Es difícil hablar de amor por siempre, el “por siempre” está muy lejos… ¿por qué no decir que estás conmigo, con todo tu corazón, en este momento?”, canta Olsen con dolor.

“Chance”, además de ser una de las canciones más bellas de Angel Olsen, nos deja un mensaje que redondea perfectamente el álbum en su totalidad: después de cada experiencia con las personas, de crecer y de madurar, se aprende que para sobrellevar estas batallas hay que entender que no existen certezas. Al final es el momento presente lo único que tenemos.

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