por Pascual Morones

Rambo: la última misión, dirigida por Adrian Grunberg, sitúa a la gente en una encrucijada digna de las misiones de John: ir a recibir un baño de nostalgia ante la despedida de un personaje de antaño en, quizá, una de las peores películas del año.

John Rambo (Sylvester Stallone) vive su retiro en su rancho en Arizona. Día a día, se enfrenta a su propia cabeza que no lo deja encontrar la paz. Todo pareciera marchar con normalidad hasta que su sobrina Gabrielle (Yvette Monreal) desaparece en México. La cinta culmina siendo una mala copia de algo entre Logan (2017), Búsqueda Implacable (2008) y Mi pobre angelito (1990).

Para empezar, y con un poco de ese baño de nostalgia encima, destacaré lo único positivo de la cinta: la actuación de Sylvester Stallone. El actor estadounidense, quien también funge como escritor de la película junto a Matt Cirulnick, se mueve como pez en el agua. Para Sly, encarnar a John le es tan fácil que es lo único que hace click con el público, la razón por la que terminas diciendo ¿qué le va a pasar a mi Rambo?

Dividamos la cinta en dos partes. En la primera mitad, la película se convierte en una copia barata de Logan y Búsqueda Implacable. Rambo, cual Wolverine, deja su retiro aislado para ayudar a un “familiar”. La diferencia acá es que Gabrielle es sobrina de María (Adriana Barraza), una mujer a la que John dejó permanecer en casa tras la muerte de su padre, por lo que el vínculo es emocional y no sanguíneo.

Rambo, al igual que Logan, trabaja en cosas totalmente opuestas a lo que realizaba en su época de gloria, ahora labora en una serie de túneles, y nunca nos explican el porqué los hace; también hace trabajo de herrería. En esas primeras escenas, lo vemos tomar unas pastillas, pensando que son de suma importancia para su salud, hasta que decide tirarlas y no se aprecia ningún cambio en él. ¿Qué tomaba? ¿Para qué las tomaba? Un misterio más al igual que los túneles.

Llega el viaje a México y, con ello, el cambio de Logan a Búsqueda Implacable. Rambo pone en práctica sus mejores conocimientos de rastreador y logra descubrir que Gabrielle fue raptada por un grupo del crimen organizado liderado por los hermanos Martínez, cuyo negocio principal es la trata de blancas. En ningún punto de la película desarrollan la historia de los villanos por lo que no se entiende ni la relación entre ambos ni sus reacciones.

Algunas escenas con ellos son absurdas pero funcionales para la historia, por ejemplo: Rambo llega al sitio donde está cautiva Gabrielle y es recibido y golpeado por más de 30 individuos, pero cuando va al lugar donde tienen a las mujeres prostituyéndose, únicamente tres sujetos se encargan de la seguridad, por lo que puede rescatarla sin ningún problema. Por cierto, a mi John le dan la golpiza de su vida y a los cuatro días ya puede caminar como si nada.

En el trayecto rumbo a su casa, Gabrielle fallece y esto nos lleva a la segunda mitad, la parte de Mi pobre angelito. Rambo tiene sed de venganza y, cual Kevin McCallister, decide preparar todos sus túneles. Quizá suponía que esto pasaría y por eso los creó con trampas mortales para los asesinos que irán a buscarlo luego de que John les dejara un recado informándoles dónde encontrarlo. Esta última parte de la película es la que le otorga la clasificación C a la cinta, incluida una escena en la que le saca el corazón a uno de los malos.

Rambo: la última misión es un intento fallido para darle un digno final a la saga, pero a lo largo de la cinta se notan incongruencias en el guion y en algunas de las actuaciones. No se desarrollan los nuevos personajes y generan la sensación de ser mera paja.

Paz Vega interpreta a una periodista independiente cuya mayor aportación es levantar a Rambo luego de la golpiza. Pareciera que dijeron: ¿cómo lo vamos a salvar? ¡Ya! Inventemos un personaje irrelevante.

Otro cliché es esta idea de que todo lo malo pasa de este lado de la frontera y si vas a correr verdadero riesgo será en un antro lleno de mexicanos con sombrero y música de banda. Esto dará pie a que llegue el súper soldado estadounidense y arregle todos los problemas. Fórmula ya muy vista en la pantalla grande.

La cinta culmina con un discurso de despedida de Rambo mientras yace herido de bala en una mecedora, inician los créditos y al llegar su fin, podemos ver partir a John montando en un caballo. En ese punto, la audiencia se topa con la encrucijada: si eres fan de Rambo seguro dejarás pasar todos los errores por la nostalgia, si no eres fiel seguidor, saldrás con el sabor de haber visto una película muy mala.

 

 

 

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