por Leonardo Ponce

La nueva serie de terror de Netflix, Marianne, es una historia con una hechura magistral que consigue hacer que una historia sobre demonios y posesiones satánicas parezca real. Para esto, la serie no usó muchos “trucos” y exagerados efectos especiales, si no que lo hizo con inteligencia.

Victoire Du Bois interpreta a Emma Larsimon, una arrogante y famosa escritora de novelas de terror que está cansada de escribir las mismas historias que la han hecho famosa. Estos libros tienen como protagonista a Lizzie Larck, una mujer que se dedica a combatir a un demonio llamado Marianne.

Una serie de eventos dejarán ver que las historias escritas en sus libros tienen más de realidad que de ficción, y obligarán a nuestra protagonista a regresar a su pequeño pueblo natal de Elden, Francia donde se reencontrará con un pasado aterrador que se rehúsa a mantenerse oculto.

La mayoría de las historias de terror tienen planteamientos interesantes que prometen mucho; pero lo más difícil es mantener a la audiencia enganchada y lograr un desenlace sólido que no decepcione: Marianne logra sostener la tensión hasta llegar a una conclusión magistral a la altura del planteamiento inicial. Es muy común que las películas de terror de hoy en día nos dejen con una sensación de vacío. Los ocho capítulos de la primera temporada nos hacen sentir que nuestro tiempo estuvo perfectamente empleado.

El primer capítulo de la serie es superior a la mayoría de las películas de terror que vemos en cartelera. Desde las escenas iniciales —en las que vemos a la aterradora Madame Daugeron arrancarse un diente frente al lavabo a mitad de la noche—, sabemos que estamos frente a algo diferente. Marianne, quizá por su factura francesa, emplea diversos elementos narrativos de una manera inteligente y novedosa, y en un género plagado de clichés e inconsistencias, esto resulta muy refrescante.

El demonio de Marianne, que ha hecho que Emma venda millones de libros alrededor del mundo, es una entidad demoniaca real vinculada a la propia autora. De hecho,empezó a escribir esos libros para tratar de exorcizar la presencia del demonio de su vida.

A lo largo de la historoa el demonio se manifiesta de diferentes maneras, lo cual puede ser una gran ventaja, ya que dramáticamente tienes un rango mayor de formas y recursos a la mano, lo que no ocurre con películas como La Monja en donde la primera vez que vemos al monstruo es aterrador, pero mientras más se expone su figura en pantalla va perdiendo su fuerza.

La manera en la que algunos directores (principalmente de Hollywood) han intentado sortear este problema es añadiendo otros monstruos que en ocasiones no son tan aterradores y lo que es peor aún, no tienen nada que ver con el contexto. En Marianne, la elección de los monstruos y figuras aterradoras es tan acertada que eso añade un toque de veracidad a la historia logrando engancharnos hasta el último momento.

Marianne de Netflix es un verdadero ejemplo de que el género de terror (incluso aunque se trate del trillado tema de posesiones demoníacas) tiene mucho que aportar a la cultura del entretenimiento, siempre y cuando se priorice la una buena manufactura y una historia bien armada por sobre los sustos fáciles y recursos baratos.

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