por Montserrat Pérez Bonfil

Después de una larga ausencia, he vuelto con algo que se me había quedado en el tintero desde la última vez que estuve por aquí hablándoles sobre los Tapices del unicornio.

Hoy nos sumergimos en Los niños del hombre (EUA, Reino Unido y Japón, 2006) de Alfonso Cuarón para analizar las obras de arte que aparecen en esta magnífica cinta.

El filme, protagonizado por Clive Owen y Julianne Moore, narra la historia de Theo, quien vive en medio de un mundo desolado donde las mujeres han dejado de tener bebés.

Cuarón dibuja una sociedad a la deriva que trata de sobrevivir entre conflictos bélicos, desigualdad, pobreza y una población flotante que busca, más allá de sus fronteras, una vida mejor que nunca logrará hallar.

La película inicia con la terrible noticia de que Diego Ricardo, el último niño que nació en el mundo hace 18 años, ha sido asesinado, luego, una bomba estalla, volando en mil pedazos el café donde Theo acaba de comprar su café de la mañana.

Mientras espera su extinción, el mundo respira desesperanza.

La sutileza con la que Cuarón, de la mano de “El Chivo” Lubezki, nos muestra el tejido social de un mundo que se asemeja mucho a aquel en el que vivimos hoy, nos invita a revisar, entre otras cosas, las piezas de arte que aparecen en la cinta, así como las metáforas que en ellas se encierran.

En la primera parte de la película, cuando  Theo camina o viaja en autobús por Londres, el contexto histórico y social de este futuro distópico ubicado en 2027 se hace evidente gracias a lo que ocurre al fondo de cada escena: migrantes en jaulas siendo reprimidos por la policía; personas manifestándose en las calles;  publicidad que anuncia: cirugías para verse más joven, medicamentos para autopracticarse la eutanasia, estupefacientes de la felicidad, ropa para perro. etc.; advertencias oficiales que exigen hacerse pruebas de fertilidad y denunciar a cualquier migrante, y, por supuesto, las calles ostentan por todos lados pintas en las paredes.

Entre lo que vemos escrito sobre los muros  destacan esténciles con las palabras HUMAN PROJECT y dos pintas con el sello particular del artista callejero Banksy: en primer lugar, la frase “last one to die please turn out the lights” (el último en morir, por favor apague las luces) y en segundo, el esténcil de una pequeña niña que observa lo que ocurre en el mundo a través de una ventana.

Esta pequeña en la pared, junto con algunos otros rostros infantiles que aparecen en los muros, parece un presagio de lo que se avecina en la trama, al tiempo que nos habla del porqué los pequeños no quieren venir al mundo: lo ven todo y no les apetece llegar a un lugar así.

En 2006, Banksy no era tan famoso como lo es hoy, sin embargo, Cuarón trató de localizarlo para usar sus obras en el filme y cuando finalmente  logró concertar una cita, solo llegó su representante. Eventualmente, el artista accedió a que su obra apareciera en la cinta (no sabemos a qué costo), pero se dice que el graffitero permaneció anónimo en todo momento.

Regresando al filme, Theo es raptado por un grupo de activistas encabezados por su ex-esposa  Julian (Jualianne Moore) para encomendarle la tarea de proteger a Kee (Clare-Hope Ashitey), una joven que está embarazada.

La encomienda incluye conseguir papeles de tránsito falsos que le permitan llevar a Kee con El Proyecto Humano y, con ese propósito, Theo visita a su primo Nigel, Ministro de las Artes y encargado de rescatar obras antes de que la destrucción las alcance.

Theo viaja en un Rolls Royce, camino hacia El Arca de las Artes, y de fondo se escucha  “In the Court of the Crimson King” de King Crimson. La canción funge como una marcha llena de presagios: El rey carmesí hace alusión a aquellos mandatarios que gobiernan mientras grandes derramamientos de sangre se dan entre la sociedad civil y la masacre es tal que le salpica el rostro. La letra que escuchamos mientras el lujoso auto del gobierno inglés lleva a Theo hasta donde está Nigel, habla de una danza de títeres que bailan bajo el hechizo de una bruja. La bruja los mantiene embobados e ignorantes para que no se den cuenta de las atrocidades que comete su rey, The Crimson King.

El auto se dirige hacia una imponente estructura de ladrillo: La icónica Battersea Power Station de Londres, donde se ubica El Arca de las Artes.

Cuando Theo desciende del auto, en el estacionamiento se alcanza ver el esténcil de Banksy en el que dos oficiales se besan.

El oxímoron planteado por una pieza de arte callejero que ha dejado las calles para formar parte de una colección privada de obra superviviente, habla un poco del mundo al revés en el que viven Theo y sus coetáneos.

Por otro lado, el esténcil  en sí encierra verdades importantes del subtexto de la trama: los dos policías, representantes de la fuerza represiva del Estado, son hombres que sienten una pasión tan profunda el uno por el otro que no les importa transgredir la investidura que portan porque su pasión es más poderosa. Con todo y todo, su propia homosexualidad los vuelve estériles y su fuerza creadora ahora se yergue, solitaria, alejada de todo lo que le daba sentido a su existencia.

Theo pasa una puerta y su rostro lo dice todo. Ante él, una de las más asombrosas obras que haya creado el hombre: El David de Miguel Ángel, pero con una prótesis de metal en la pierna izquierda.

Uno de los artistas más destacados y prolíficos del Alto Renacimiento en Italia fue Miguel Ángel Buonarotti. Escultor, pintor, arquitecto y poeta, nació en Florencia, ciudad renombrada por ser  permisiva en cuanto a la expresión del homoerotismo y la homosexualidad entre sus habitantes. Miguel Ángel buscaba la belleza y la expresaba a través de las hermosas formas masculinas que surgían de su trabajo.

En sus primeros años como artista, trabajó bajo el mecenazgo de Lorenzo de Medici (Lorenzo el Magnífico) y hay que agradecer al poder de los Medici que la carrera de Miguel Ángel pudiera despegar como lo hizo.

Buonarotti creó El David en Florencia entre los años 1501 y 1504. La magnífica escultura se convirtió en ejemplo del ideal de la belleza masculina del Renacimiento, aunado al pensamiento neoplatónico en el que el deseo homosexual cobró un estatus filosófico.

Antes de que Miguel Ángel le diera vida a su David, Florencia ya consideraba al héroe un símbolo de la ciudad por salir triunfal ante sus enemigos y el David de Miguel Ángel se transformó en el epítome de la belleza masculina.

La escena en la cinta reafirma la infertilidad de la que se habló anteriormente: Nigel sale de entre las mamparas diciendo: “No pudimos salvar La Piedad…” Aquí hay dos hombres admirando la perfección masculina esculpida por otro hombre que, al igual que los guardias de Banksy, era homosexual. Nigel y Theo aún conservan la sensibilidad para admirar la belleza y puede que ahí esté la semilla de la salvación de la humanidad; al  fin y al cabo, Nigel tripula un Arca que, equiparada con su contraparte bíblica en la que Noé subió una pareja de cada especie para salvarlos de la extinción, El Arca de las Artes quizá sea lo único humano que quede del hombre tras el Apocalipsis.

El mundo de Nigel y Theo ha erradicado a la esperanza y a la compasión. La madre, la tierra fértil para sembrar y dar vida ha sido saqueada, destruida, asesinada y, sin ella, no hay quien llore por todos estos muertos.

Pero La Piedad destruída nos dice mucho más.

Julian y Theo se separaron tras la muerte de su hijo Dylan. Theo se vuelve alcohólico y se deja llevar por la depresión, pero Julian, a pesar del profundo dolor, sigue luchando: eso es Piedad. Julian siente compasión por la humanidad y quiere transformar el mundo en un sitio mejor y lo hará a costa de su vida.

Así como Theo representa el arquetipo del héroe, guía y salvador que dará su vida para que brille de nuevo la Esperanza, Julian representa la compasión de la madre, una madre aguerrida que hará lo que sea por salvar a la humanidad, porque a pesar de la maldad que la rodea, ella no pierde la fe y ve en Kee la clave para que todo se transforme, Kee es esa tierra fértil que traerá la posibilidad de un mundo nuevo y es por eso que tiene que llegar al Tomorrow (El Mañana), el barco de El Proyecto Humano.

La representación de la fe, así como la conexión con lo divino en la cinta está encarnada en el personaje de Miriam (Pam Ferris). Bíblicamente, Miriam (que también puede pronunciarse como María) estaba tan cerca de Dios que podía escucharlo, por eso fue profetisa y guía del pueblo judío, también gracias a ella, su hermano Moisés no murió cuando sus padres lo colocaron en una canasta en el río Nilo para escapar de la aniquilación de toda la familia.

En la cinta, Miriam es el canal para la Gracia Divina y es, aparte de Theo, la persona en quien Julian más confía. Miriam es partera y tiene profundos conocimientos de distintas prácticas espirituales. Ella es —quizá junto con Julian— el único personaje de la cinta capaz de ver que las pequeñas, aunque dolorosas, tragedias que les acontecen son parte de un escenario o un plan mayor que es imposible entender en el momento en el que se tiene el corazón destrozado por la muerte de sus seres más amados.

A Miriam la vemos en oración constante, pero no reza por rezar, ora con propósito y sabe qué rito o mantra llevar a cabo en cada una de las situaciones, cosa que se hace más evidente tras la muerte de Julian. Cuando el balazo atraviesa a su líder, Miriam se frota las manos y las coloca en la cabeza de Julian, repitiendo mantras para ayudar a que su alma deje el cuerpo por esta zona y así pueda liberarse de una nueva encarnación.

Posteriormente, Miriam, con ayuda de Kee, hace una breve práctica meditativa o ritual funerario del Budismo Vajarayana llamado Phowa. Miriam invoca a los boddhisattvas o seres iluminados que han pisado la Tierra para que ayuden a Julian a que su alma trascienda. Posteriormente, coloca la imagen de la Virgen de Guadalupe en el tercer ojo de la difunta como un símbolo de guía y apoyo en este tránsito hacia una muerte consciente.

En la imagen de la Virgen de Guadalupe en el entrecejo de Julian está de nuevo la Madre, pero esta vez como una guía compasiva.

Más adelante en la cinta, otra mujer llora por su hijo muerto mientras lo sostiene y grita de dolor.  Cuarón ha dicho en entrevistas que además de inspirarse en La Piedad de Miguel Ángel, tomó como referencia a La Piedad de Kosovo, fotografía de 1990 capturada por Georges Merillon durante la guerra en Serbia.

Gracias a su valor estético y al mensaje político que encierra la imagen, le valió el premio a mejor fotografía del año por parte del Premio Mundial de la Prensa (World Press Photo).

Kosovo Pietà

Y esta no es la única vez que Cuarón toma a La Piedad como referencia en sus cintas. Doce años después, aquí está nuevamente en Roma  (EUA, 2018)

Aunque en el guion original, después de la escena del David, Nigel y Theo sostienen una conversación frente a los autorretratos de Rembrandt, al final, la escena fue omitida para ir directo a un comedor donde Theo, Nigel y su hijo, embebido en un juego de video, hacen sobremesa. La gran pared detrás de Theo está cubierta por El Guernica de Picasso.

Pablo Picasso nació en Málaga, España, en 1881 y desde niño ya era un dotado artista. Fue, de la mano de Georges Braque, el padre del cubismo.

El 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil Española, la pequeña aldea vasca de Guernica fue atacada por 28 bombarderos nazis a plena luz y en día de mercado. Esta atrocidad fue cometida por órdenes del General Francisco Franco dejando 1,654 muertos y 889 heridos. De inmediato, Picasso se volcó a dar vida a esta pintura de gran formato para mostrar el sufrimiento de la gente y los animales del pueblo para que el mundo entero volteara la mirada hacia las atrocidades que estaban ocurriendo en España.

Con esta obra, Picasso muestra el grito desgarrador del pueblo español y levanta su voz en contra de la deshumanización fascista que gobernaba su país.

La pintura está organizada en una especie de tríptico con un panel central y dos laterales y pintada en blanco y negro donde la ausencia de color representa la crudeza de la guerra.

Los elementos con los que Picasso muestra el sufrimiento y la desolación en su Guernica también son utilizados por Cuarón a lo largo de la cinta. Por ejemplo, en el panel lateral izquierdo, se aprecia claramente un toro. Este elemento pudo haber surgido de la fascinación que tenía Picasso por la tauromaquia, pero él mismo mencionó en varias entrevistas que este toro simbolizaba la brutalidad. En Los niños del hombre no vemos toros, pero sí vemos vacas cuando Kee revela a Theo su estado. Sobre las vacas, Cuarón ha dicho que es una referencia a ese momento en Inglaterra en el que tuvieron el problema de “las vacas locas”.

En el panel central y en primer plano, se aprecia una figura fragmentada con la cabeza desprendida y el brazo amputado sosteniendo una espada rota y, un poco más a la derecha, un caballo herido grita. El caballo simboliza al pueblo y la espada rota la impotencia, la lucha desigual, la injusticia.

Un momento específico de la cinta que nos remite a la tragedia del Guernica es cuando Theo va con Jasper en la carretera y la cámara se detiene en un campo en el que están incendiando a las vacas, seguramente por el asunto de “las vacas locas”, pero la imagen de los animales incinerados patas para arriba nos dan una idea del escenario de un bombazo.

Y, una vez más, se hace presente la Piedad. Debajo del toro, una madre grita de dolor mientras sostiene a su hijo muerto en brazos.

Finalmente, a la derecha, un hombre, desesperado, extiende los brazos hacia arriba. Quizá mira cómo los aviones dejan caer sus bombas, quizá trata, en un intento inútil, de detenerlas; también, quizá, implora por una respuesta divina.

Casi al final de la cinta, vemos nuevamente estos elementos en la pared. Kee, ya con su bebé en brazos, sube con Theo al bote que los llevará a su encuentro con el Tomorrow. La madre llorando la muerte de su hijo y el hombre con los brazos extendidos hacia arriba no están acompañados de toros ni caballos, sino de dos perros

Cuando los personajes pasan por el túnel, la cámara voltea hacia el techo para descubrir una serie de pinturas que nos remiten al arte primitivo de las cuevas donde hace más de 10,000 años los artistas o magos de la prehistoria plasmaron sus manos sobre las paredes. Pero en la pared del túnel hay un presagio funesto: un avión que apunta hacia donde se encuentra el extracto del Guernica en la cloaca, anunciando un terrible destino para la gente de Bexhill.

Cueva de las Manos, río Pinturas, en Santa Cruz, Patagonia Argentina,

Pero volvamos a El Arca de las Artes por última vez. Nigel se levanta de la mesa y detrás de él un gran ventanal nos deja ver, flotando entre las chimeneas de la central eléctrica, al enorme cerdo rosado de Pink Floyd.

En un homenaje al disco de 1977 de Pink Floyd, Animals, Cuarón hace alusión la portada del disco en el que Algie, el cerdo flotante diseñado por Roger Waters, apareció por primera vez.

 

Cuando Animals fue lanzado, el 23 de enero de 1977, el mundo tornó su atención hacia esta protesta política basada en las novelas de George Orwell Rebelión en la Granja y 1984. El disco hablaba sobre las injusticias sociales y la corrupción que prevalecían en la Inglaterra de los años 70, representando, como lo hizo Orwell, a las clases sociales y políticas con distintos animales: los perros combativos, los despiadados cerdos déspotas y las descerebradas ovejas que nada cuestionan.

Los cerdos representan a los ricos, poderosos y corruptos que manipulan al resto de la sociedad para mantenerse en el poder.

Algie, el cerdo inflable, ha dado de qué hablar desde hace poco más de 40 años. Cuando la banda de rock preparaba el lanzamiento de Animals, iban a tomar las fotografías para la portada en la central eléctirca de Battersea, pero el cerdo se desprendió de sus amarres y se fue volando, causando revuelo entre la población y los pilotos de las aeronaves que se dirigían hacia el aeropuerto de Heathrow. El cerdo fue recuperado más tarde en una granja de Kent para ser desinflado y guardado en una repisa por años.

Aún así, el cerdo se volvió un ícono, primero para Pink Floyd y más tarde para Roger Waters, quien sigue usando cerdos voladores marcados con diferentes consignas en sus conciertos hasta la fecha.

Nigel le dice a Theo que verá si puede conseguir los papeles para Kee y Theo le responde: “Dentro de cien años, no habrá ni un triste estúpido para apreciar todo esto. ¿Qué te hace continuar?”  Nigel contesta: “¿Sabes qué es, Theo? Simplemente no pienso en eso.”

Al final, me quedo con una serie de dudas: ¿Qué pasa con el arte cuando ya no hay miradas para apreciarlo? ¿Hay cabida para el placer estético en una sociedad estéril? ¿Aquel que no es capaz de detener sus bombas ante la belleza, sigue siendo humano? ¿Será ésta una arista de la metáfora del humano incapaz de dar fruto: hombres y mujeres faltos de moral y de ideales, incapaces de hacer de éste un mundo mejor?

CASTLEMAN, R. (1988) Prints of the 20th Century, Thames and Hudson, New York, USA.  
CUARÓN, A. (2006) Los niños del hombre. 
CUMMING, R. (2005) Eyewitness Companions, Art, DK Publishing, New York, USA.
CUMMING, R. (2007) Art Explained, DK Publishing, New York, USA.
FELLEMAN, S. (2006) Art in the Cinematic Imagination, the University of Texas Press, USA.
GLANCEY, J. (2017) The floating pig that became a sign of protest, BBC Culture, [artículo en línea] http://www.bbc.com/culture/story/20170508-how-the-pink-floyd-pig-was-a-sign-of-protest
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STOCKSTAD, M., COTHREN, M.W. (2011) Art History, Vol. II, Laurence King Publishing Ltd, London.

 

 

 

 

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