por Jerónimo Arellano Zandi

El misterio del Sr. Pick (Francia, 2019) es una comedia francesa que toma lo mejor del género policíaco y lo salpica con comedia, logrando una exquisita combinación que entretiene a la audiencia.

En una pequeña biblioteca en Bretaña, la editora Daphné Despero (Alice Isaaz), encuentra un manuscrito en la sección de títulos rechazados. Es de tanta calidad que decide publicar la obra que de inmediato se vuelve una sensación en el mundo literario francés.

El autor de dicha obra es Henri Pick, un pizzero que murió un par de años atrás. Cuando la viuda de éste es invitada al programa de crítica literaria de Jean-Michel Rouche (Fabrice Luchini), comparte que su marido jamás leyó un libro en su vida, lo que despierta sospechas en Rouche y se comporta tan impertinente con la viuda que pierde su trabajo.

Rouche, vaca sagrada del mundo literario, tras perder su trabajo y ser desalojado por su esposa que ya no quiere nada con él, se embarca en una investigación para descubrir el verdadero origen del manuscrito.

Al llegar a Bretaña, comienza investigando el pueblo donde vivió Pick. La investigación resulta ser nada sencilla ya que no da con información concreta y muchos de los datos que obtiene son rumores.

Afortunadamente para Rouche, Joséphine Pick (Camille Cottin), la hija del señor Pick, decide ayudarle en su investigación para que deje de enlodar la memoria de su padre.

Rouche es viejo y un experto en literatura, por eso no da cabida a que un pizzero haya escrito la joya literaria del año. Esto puede sonar a pedantería, sin embargo, el personaje es un viejo necio y causa cierta ternura.

El experto literario también encuentra un digno oponente/socio en la figura de Joséphine, quien no duda en señalar las falacias en las conclusiones de Rouche, generando tensión cómica y sexual entre los dos personajes.

Se puede decir que son una especie de Don Quiote y Sancho Panza: mientras uno ve gigantes, el otro le señala que son molinos y que está siendo insensato.

La química entre estos personajes es lo que sostiene y eleva a la película, sin duda alguna.

Rouche no es el primer personaje en el cine que es un detective de los libros, Lucas Corso en La última puerta (Estados Unidos, 1999) busca un libro antiguo supuestamente escrito por el mismísimo Lucifer, por ejemplo.

En una era donde hay una gran cantidad de obras policíacas, es refrescante ver una pieza donde se conserva el elemento del detective y el “crimen” pero con un crimen no tradicional, ya que se trata de un crimen estético.

La película es sencilla, con muy buen ritmo, diálogos que funcionan bien y personajes  carismáticos.

La cinta es parte del Tour de cine francés 2019.

 

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