por Leonardo Ponce

Norman F*****g Rockwell, el sexto disco de Lana del Rey es un proyecto que comunica un estado mental más que un compendio de canciones, es decir busca crear un ambiente en lugar de hits para el radio. En ese sentido, es un álbum diseñado para poner en la sala de tu casa mientras tienes una buena conversación con un amigo; es un disco inusual y atípico, y por eso vale la pena.

Norman F*****g Rockwell fue compuesto por Lana del Rey y el multiinstrumentista, rey midas del pop, Jack Antonoff. A primera vista parece llevar el mismo sello de sus trabajos anteriores pero al final sí termina aportando algo diferente a la discografía de la artista pues encontramos a una Lana más madura escribiendo, probablemente, las mejores letras de su carrera.

A siete años después de la “fallida” presentación en Saturday Night Live, y lejos de esos tiempos en los que la prensa se le lanzó a la yugular a la entonces joven cantante, la carrera de Lana del Rey se encuentra en un lugar más saludable: Lejos de la presión de la prensa y de sus haters, su verdadero arte realmente florece. “Confundieron mi gentileza con debilidad, la cagué, pero ¿Por qué una chica no puede sólo hacer lo mejor que pueda?”, canta en Mariners Apartment Complex.

La destreza de Lana del Rey por escribir música fantástica que te envuelve es una de sus fortalezas más valiosas, aunque también parece ser una de esas artistas polarizantes que amas u odias.

Su música tiene muy poco que ver con las tendencias de la música moderna. La manera de cantar, su estética visual pero sobre todo la elección de la instrumentación para su canciones, la han puesto siempre en una categoría aparte, y el hecho de que se haya mantenido fiel a su visión a lo largo de los años no puede despertar otra cosa más que una genuina admiración.

Lana del Rey existe en una burbuja, y esto es más cierto hoy que nunca. Creó un concepto alrededor de la cultura estadounidense y eso sigue siendo una fuente inagotable de inspiración en sus canciones: con sus melodías dulces, la cantante parece referirse a un supuesto pasado glorioso de su país, aunque al final este recuerdo lejano parece más bien una fantasía creada por la compositora.

Ejemplo de lo anterior son las canciones Venice Bitch —donde hace un juego de palabras con la playa icónica de Los Ángeles (Venice Beach) y la palabra Bitch (perra, en español)—, y California, en la que las referencias a este emblemático estado no se escatiman.

El nuevo disco no tiene hits, pero sí grandes letras y canciones largas (¡Venice Bitch dura más de 9 minutos! ) que se toman su tiempo para desarrollarse y que en ocasiones no conducen, de manera deliverada, al clímax esperado: “me gusta encender el escenario con una canción, hacer cosas que me emocionen pero un día me desperté pensando que tal vez lo haría todo de una manera diferente” canta en el sencillo Fuck it I Love You.

Norman F*****g Rockwell es un disco que atrapará a cualquiera que esté dispuesto a sumergirse en su imaginario, aunque hay que aclarar no es un disco para todos.

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