por Jerónimo Arellano Zandi

High Life (Francia, Alemania, Polonia, 2018), la nueva película de la directora Claire Denis, es una ambiciosa, profunda y cruel mirada a la naturaleza humana en un entorno de ciencia ficción.

La primera escena muestra un hermoso jardín, las plantas más verdes y bellas que la imaginación pueda evocar. La cámara entonces “valsea” y entramos en lo que parece una casa y vemos a una bebé en una cuna improvisada. La bebé está viendo una película en un monitor y cuando termina, la cría comienza a llorar.

De allí corta a Monte (Robert Pattinson) quien está en el espacio exterior haciendo reparaciones en una  nave. A través del audio trata de calmar el llanto de la bebé pero se le cae la pieza que estaba reparando.

Ellos dos son los únicos sobrevivientes en una  nave nada convencional que tiene más semejanza con el interior de una fábrica o una planta nuclear.

Los primeros 15 minutos de la cinta se enfocan en cómo Monte hace de padre y astronauta, despertando en la audiencia un temor ante la magnitud de la desgarradora soledad que vive, está prácticamente solo en una nave muy deteriorada y flotando hacia un hoyo negro.

De allí saltamos al pasado y vemos al resto de la tripulación y nos aclaran el objetivo de la nave y de los personajes.

En el futuro, reos condenados a muerte son mandados en una misión cuyo propósito es extraer energía del hoyo negro. Entre la tripulación está la Dra. Dibs (Juliette Binoche) que está obsesionada con crear un bebé por medio de inseminación  dentro de la nave espacial.

El seco entre los reos está prohibido, pero  hay un aparato que se llama “The Fuckbox”(Cuarto para Follar) que usan todos abordo para masturbarse y cumplir sus fantasías, todos excepto Monte, quien es célibe y rechaza los avances de la doctora.

El ambiente en la nave es de perdición y claustrofobia, los reos detestan que la doctora los tenga tan dopados y no se ve fin a la misión. La doctora logra inseminar a una de las prisioneras y ese evento es el catalizador para que los reos pierdan la cordura.

La película hace lo que la buena ciencia ficción solo puede hacer: cuestionar ontológicamente al ser humano y a la humanidad sobre la obsesión por procrear, el trato de los criminales, la objetivación de la mujer y la soledad del individuo.

High Life funciona a muchos niveles, el ritmo es lento, pero la trama lo exige.  Los saltos temporales  nos permiten ir conectando los puntos poco a poco para saber cómo Monte y la bebé llegaron a ser los únicos de la nave.

La música es escalofriante y minimalista, una mezcla entre el compositor Igor Stravinsky y el grupo de postrock Godspeed You! Black Emperor, lo cual crea incomodidad en el espectador.

La fotografía construye altos contrastes de colores y la cámara se siente como un personaje más en la pieza.

No obstante, lo más sobresaliente de la película son las actuaciones. Pattinson logra nuestra solidaridad, nos identificamos con su preocupación de ser el responsable de una bebé en el espacio exterior. Pero quien se lleva la película es Juliette Binoche, la veterana francesa crea un personaje muy perverso pero sumamente sensual, autoridad y fuerza emanan de ella acompañados de un gran impulso sexual.

En taquilla no le ha ido muy bien, a pesar de ser una recomendable película de ciencia ficción que sigue  los pasos de Solaris (U.R.R.S. 1972) y Naves misteriosas (Estados Unidos, 1972). Corran a verla antes de que la quiten.

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