por Hugo “POke” Juárez

Con tintes de humor malo y simplón, It: capítulo 2 nos presenta al Club de los Perdedores que regresa a Derry, Maine, 27 años después de que el payaso Pennywise los atormentara.

Ahora, ya como adultos, olvidaron todo lo que vivieron de niños y han tratado de seguir con sus vidas, pero el ciclo siempre se repite y sus peores traumas resurgirán (¿alguna vez se fueron?). Para acabar con Eso, necesitarán hacer un extraño ritual que los llevará a enfrentarse con aquello de lo que huyeron, que esta vez viene más fuerte que nunca.

El humor ha sido una de las estrategias más usadas por los cineastas y creadores para contarnos historias, y lo han usado ad nauseam, a tal grado que si un blockbuster no tiene aunque sea un poco de comedia, con todo y que el argumento sea bueno sentimos como que “le faltó algo”, “no tiene chispa”, y esas cosas.

Recordemos que esa “ligereza” en el tratamiento de los temas es una de las cosas que puso a DC en desventaja contra Marvel en la taquilla, y fue sólo cuando las películas del primero incorporaron algo de humor (como en Mujer Maravilla) que despegaron un poco.

Es así que el humor está muy presente en It: capítulo 2, pero ¿es para bien? ¿Suma o resta? Veamos.

En la primera película, vimos a un grupo de pubertos bastante carismáticos que tenían que lidiar no solamente con Eso y todas sus ilusiones mortales, sino también con sus propias pesadillas de la vida real: el bullying, los abusos de los adultos, las ausencias paternales o maternales, el despertar sexual, y muchas otras.

Al final, vemos cómo se cierran las tramas y aunque sabemos que habrá otro capítulo y que no van a superar sus traumas infantiles, creo que el final es concluyente y satisfactorio.

El capítulo 2, sin embargo, toma demasiado tiempo para presentarnos nuevamente a los personajes, lo cual se justificaría si nos dieran elementos importantes para la trama, pero no es así, por lo que esta introducción se siente como de relleno.

Lo anterior se agrava porque al ir avanzando la película se nota que la trama con adultos y el elenco encabezado por Jessica Chastain no tienen el peso suficiente para conducir el hilo narrativo, por lo que vemos bastantes flashbacks que nos llevan de regreso al capítulo 1, es decir, una vez más los niños son los protagonistas so pretexto de contarnos “cosas que no vimos” en la película de hace tres años.

Si bien es agradable ver a estos niños de nuevo (que llenan la pantalla de carisma, a diferencia del elenco adulto), me parece un exceso y una decepción el no haber podido sostener la nueva trama con los adultos. Así mismo, los nuevos detalles que vemos del capítulo 1 no agregan demasiado a la trama del capítulo 2.

Por otra parte, resulta frustrante ver cómo los adultos se convirtieron en un grupito de marginados inmaduros que no sólo nunca superaron sus traumas de niños, sino que incluso cuando eran jóvenes se percibían más maduros y creíbles que ahora.

La intrascendencia de las actuaciones y de la narrativa con los adultos se agrava por el insípido guion, que en vías de alargar la duración de este capítulo, separa a los personajes para que cada uno cumpla “su misión”, muy al estilo de la tercera temporada de Stranger Things pero con adultos inmaduros protagonizando escenas ridículas como si siguieran siendo adolescentes.

Cuando los adultos por fin se reúnen de nuevo en la pantalla, casi tres largas horas después, llegan a una conclusión con mucha fantasía y muy poco terror que le encantará a los preadolescentes, pero si tú lo que buscas es terror, saldrás decepcionado y hasta enojado del cine.

De hecho, el tono general de este capítulo 2 es mucho más tendiente a la fantasía y a la magia que al terror, en contraste con el capítulo 1, que se percibe más maduro, más psicológico y mucho más efectivo a la hora de sorprender y asustar.

En esta secuela, los momentos de auténtico terror y de imaginería son bastantes, pero se dividen en dos: los que funcionan duran muy poco y son memorables, sobre todo por los efectos especiales y el diseño de las diferentes encarnaciones de Eso. Además, el director Andy Muschietti logra manejar bien la tensión.

Por otro lado, tenemos la mayoría de los momentos emocionantes (y toda la película, para el caso) que se arruinan por el humor que es rotundamente impertinente, simplón, gringo, como de “chavorruco”.

Además, da pie y exhibe las innumerables situaciones inverosímiles y ridículas del capítulo 2, como cierta escena en un restaurante chino en donde hay un caos y nadie hace nada, nadie se da cuenta y los actores salen como si nada. Sólo por mencionar una.

El personaje de Bill Hader llamado Richie Tozier es especialmente insufrible, pues aunque es un exitoso comediante de stand up, sus chistes son pésimos, caen en momentos totalmente inconvenientes y te sacan como espectador de la tensión que Muschietti intentaba construir.

Pero el resto de las actuaciones no mejoran, pues también se avientan sus “puntadas” en los peores momentos, las repiten varias veces, hay “romance” y hasta un triángulo amoroso, y sus diálogos son tan acartonados que cuesta trabajo creer que realmente están sufriendo, que realmente se están enfrentando al terror encarnado y que sus traumas infantiles los siguen atormentando.

Para mi gusto, lo mejor de la película es Pennywise, que realmente da más miedo que en el capítulo 1; los efectos especiales, que suben el nivel de la película antecesora, creando varias escenas memorables; y los cameos y referencias a otros trabajos de King, que necesitas haber vivido debajo de una piedra para no entenderlos, son demasiado evidentes y a veces hasta forzados.

En esta cinta, la reflexión que se antojaba interesante acerca del abuso y de cómo nunca superamos eso que nos atormentaba de niños se diluye ante un pésimo guion, malas actuaciones, situaciones falsas y fantasía infantiloide.

Lamentablemente, It: capítulo 2 es una de las peores películas del año y una gran decepción para el que escribe esto. Me quedo con la miniserie noventera.

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