por Jerónimo Arellano Zandi

El viento (The Wind, Estados Unidos, 2018) de la directora Emma Tammi es un Western de horror que muestra la insignificancia del ser humano ante el vasto y desolado mundo a través de Lizzy (Caitlin Gerard), una mujer que habita la solitaria y hostil frontera en el viejo Oeste junto a su marido Isaac (Ashley Zukerman). Sus vidas son transformadas por la llegada de nuevos vecinos: Emma (Julia Goldani Telles) y Gideon (Dylan McTee).

La película inicia con Lizzy saliendo de una cabaña mientras sostiene a un bebé que no sobrevivió al parto. De allí, vemos una tumba recién cavada en la que yace Emma, la madre del infante. Gideon, su marido, deposita los restos del bebé junto a los de la mujer a quien le falta la mitad del rostro.

Gideon decide marcharse del inhóspito lugar e Isaac lo acompaña al pueblo más cercano para hacer las preparaciones, abandonando a Lizzy, quien está consumida por culpa ya que Emma se voló mitad del rostro con su escopeta.

Al quedar sola en su cabaña en medio de la nada, fenómenos inusuales comienzan a manifestarse, haciendo que nos cuestionemos la estabilidad mental de Lizzy o si la gran planicie está habitada por entes con tenebrosas intenciones.

La historia se complica narrativamente con saltos entre el pasado y el presente sin advertencia alguna que pueden llegar a ser confusos, pero también nos conecta más con la frágil psique de Lizzy.

Emma y Gideon llegaron unos meses antes y decidieron quedarse en la única otra cabaña que  hay  en la planicie. Lizzy y su marido, viendo el débil carácter de Gideon y la ansiedad de Emma, deciden ayudarles a instalarse, enseñándoles como hacer su parcela y otras cosas para sobrevivir el invierno que se avecina.

En los flashbacks, vemos cómo Lizzy también perdió a su bebé tiempo atrás. En el presente, Emma se embaraza y empieza a enloquecer; jura que hay algo en la planicie, algo que le desea mal a ella y a su bebé. Ella lo identifica como “El viento”, que jamás deja de soplar y hacer ruido.

El viento logra proyectar el terror del aislamiento a través de la narración y buenas actuaciones. La música y el diseño sonoro no se quedan atrás, de hecho, el viento nunca deja de escucharse, causando malestar al espectador.

En El viento se destruye la línea entre lo que pasa en la mente y lo que es real. Si te gusta el terror o las historias de fantasmas, ésta es una película que vale mucho la pena.

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