por Leonardo Ponce

El equipo del FBI está de regreso en la segunda temporada de Mindhunter, y está vez están listos para poner sus conocimientos en práctica, no sin antes darse cuenta que hay más elementos en juego que les harán más difícil realizar su trabajo. Esta es sin duda, una de las cartas más fuertes de Netflix y una serie que todo fan del suspenso tiene que ver.

La nueva temporada de la serie producida por David Fincher comienza justo donde terminó la pasada: El agente Holden Ford (Jonathan Groff) está hospitalizado debido a un fuerte ataque de pánico, luego de haberse reunido en el hospital con Kemper (Cameron Britton); la Doctora Wendy Carr (Anna Torv) comienza a asumir su rol dentro de la unidad de ciencias del comportamiento del FBI; mientras, la cabeza del grupo, el agente Bill Tench (Holt McCallany) recibe la excelente noticia de que el gobierno tiene un inusitado entusiasmo por continuar y expandir su programa dentro de la agencia.

Para las personas que no vieron la primera temporada, este programa se trata de un proyecto especial que desarrolló el FBI en la década de los 70 en el cual se conducían una serie de entrevistas a reclusos acusados de haber cometido asesinatos múltiples con el fin de recabar información valiosa sobre su comportamiento. Luego de estas investigaciones se acuñaría el término “Asesinos Seriales”.

Los personajes principales están inspirados en el libro Mindhunter:Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit escrito por el agente de la policía John Douglas quien participó de primera mano en esta investigación, lo cual brinda un elemento de realidad a lo que estamos viendo en pantalla.

¿Quienes son?, ¿Cómo son? Y sobre todo ¿cómo se generan estos seres humanos desprovistos de moralidad, capaces de arrebatar una vida humana como si fuera matar una hormiga? Son las preguntas que dieron origen a este valioso e interesantísimo proyecto y por lo mismo son el corazón de la serie de Netflix.

La nueva temporada se centra —aunque no exclusivamente—, en los asesinatos ocurridos en la década de los 70 en la ciudad de Atlanta, donde una serie de crecientes homicidios a menores de edad se vuelven cada día más difíciles de ignorar. En una ciudad que acababa de elegir a su primer alcalde afroamericano en la historia, las expectativas eran muy altas y cualquier escándalo debía mantenerse lejos de la opinión pública.

Tangencialmente, la unidad de ciencias del comportamiento sigue conduciendo entrevistas en las cárceles a lo largo de todo el país, primero con asesinos erráticos y simplones que no planean las cosas y cometen errores, hasta el célebre Charles Manson (interpretado brillantemente por Damon Herriman), quien obliga a los agentes a cuestionar los fundamentos de nuestra propia sociedad, y sacude sus concepciones sobre lo que está bien y lo que está mal.

Cabe mencionar que todos los asesinos que aparecen en la serie están basados en personas reales y las actuaciones están ejecutadas con tal maestría que nos enchina la piel.

Nietzche decía que todo aquel que luche contra monstruos debe tener cuidado de él mismo no convertirse en uno. Este tema ha sido brillantemente explorado en varias series y películas (como la extraordinaria Batman: The Dark Knight) pero en Mindhunter realmente adquiere un significado tangible.

En la temporada pasada vimos cómo la salud mental de nuestro personaje principal se iba contaminando cada vez más hasta que se volvió insostenible. La temporada dos parece ir más a fondo con esta idea, pues vemos que no sólo el agente Holden es víctima de sus propios miedos y terrores, si no que los demás personajes principales pronto se dan cuenta que la misma oscuridad que ven a la distancia, puede estar más cerca de lo que creen, como es el caso del agente Bill Tench quien tiene una problemática familiar que lo hace confrontar las mismas ideas y concepciones que tiene sobre el origen de una mente criminal.

En una escena en donde le anuncian a Tench y a su esposa que ha habido un asesinato a un niño en su propio barrio,  Nancy le dice a su esposo “No puedo creerlo, es horrible, eso no pasa aquí”, a lo que el agente responde “Eso pasa en todas partes, Nancy”.

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