por Jerónimo Arellano Zandi

El cazador de cabezas (The Head Hunter, Estados Unidos, 2018) fue una de las películas internacionales de la actual edición del Festival Macabro. El filme narra la historia de un cazador de monstruos (Christopher Rygh) quien vive en su cabaña en el bosque en una tierra medieval.

El personaje principal colecciona las cabezas de sus presas y las clava en un muro de su vivienda, de ahí el título de la cinta.

La película inicia con un plano cerrado a el cazador, su rostro cubierto de barba y mirada agotada, está sentado en medio en la intemperie mientras cae la nieve. De allí corta a un conjunto de cuerdas de dónde cuelgan adornos y huesos, un primitivo sistema de alarma que comienzan a sonar.

El cazador salta y corre a enfrentar la amenaza. A través del sonido presenciamos que hay una pelea que termina tan rápido como inició.

Momentos después, desde un albergue improvisado, se escucha: “¿Padre?”, el cazador se apresura al albergue y vemos a su hija (Cora Kaufman). El padre logra tranquilizarla y ella vuelve a dormir.

Acto seguido el cazador hace uno de los pocos voice off de la película: “Siempre pensé que podía protegerla, pero los vientos soplan y las cosas cambian. Y el ente que se la llevó sigue allá afuera”.

A partir de ese momento, el cazador se convierte en una especie de Sísifo, personaje de la mitología griega que empuja una roca cuesta arriba por una montaña que, antes de llegar a la cima, vuelve a rodar hacia abajo, repitiéndose una y otra vez el proceso.

Todos los días son un ciclo sin fin de esperar a que suene un cuerno, la señal de hay una nueva criatura aterrorizando a la región, entonces el cazador va a un árbol donde un arquero lanza una flecha con un papel que trae información de la criatura a matar.

El cazador se equipa, parte, regresa con la cabeza de un monstruo y la cuelga en su siniestra galería de trofeos.

Su monótona existencia es alterada cuando regresa la criatura responsable de la muerte de su hija. El cazador no duda en rastrearla y darle un cruento fin, sin embargo las cosas no serán tan sencillas y la lucha será larga.

El cazador de cabezas es un modelo a seguir para las películas con presupuestos muy limitados. Esto se nota sobretodo en la casi total ausencia de peleas que uno espera del género, sólo hay una pelea que se ve y es la del final, las demás se resuelven con elipsis de tiempo o con audio.

El fotógrafo Kevin Stewart logra un contraste majestuoso de luz y tinieblas, con tomas que perfectamente compiten con películas grandes de Hollywood.

El ritmo de la película es lento pero funciona de maravilla. Fuera de la hija, que sólo aparece por un minuto, el único ser humano con quien interactuamos en la película es el cazador y gracias a la actuación del histrión noruego nos enlazamos con la enorme soledad y sufrimiento del personaje.

El cazador de cabezas es una pieza modesta y pequeña pero que cumple con sus objetivos de crear una película de horror fantástico.

Todo aspirante a hacer un largometraje que se vea de alta calidad pero con escasos recursos debe ver la película. Fue un acierto del equipo de Macabro al incluirla en la actual edición.

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