por Jerónimo Arellano Zandi

Pocos tienen la imaginación para la realidad

—Goethe

Con esta cita inicia Ted Bundy: Durmiendo con el asesino (Estados Unidos, 2019), otra de las numerosas películas que narra la historia de uno de los asesinos seriales más célebres de la historia de Estados Unidos y posiblemente del mundo. No obstante, este filme tiene un enfoque distinto que la hace sobresalir y merece la pena verlo.

La película inicia con el final de la historia: Ted Bundy (Zac Efron) está en prisión y recibe la visita de su pareja de muchos años, Liz Kendall (Lily Collins). Él porta su sonrisa carismática mientras ella tiene una faz desafiante. De allí, inicia un montaje de cómo se conocieron en Seattle en 1969, ella una madre soltera e insegura y él un seductor en un bar.

Se muestra cómo se desarrolla la relación entre ellos. Bundy estudia derecho y, por ende, pasa mucho tiempo en otro estado, mientras ella es una secretaria que lo ama y espera con ímpetu. Él es bueno con la hija de Liz y a ella la hace sentir como la persona más amada del planeta. En algún momento de la cinta, se nos presenta un montaje de videos familiares mientras escuchamos que los noticieros narran atroces crímenes ocurridos en contra de algunas mujeres.

El contraste no puede ser más discreto. Sin embargo, Ted es detenido por una patrullero (interpretado por James Hetfield de Metallica) por pasarse dos altos. Gracias a eso, lo ligan con un ataque contra una jovencita y a partir de ese momento, la idílica vida de Liz y Ted cambia para siempre.

Ted logra salir sin mayor problema, gracias a su buena suerte. Pero conforme pasa el tiempo, salen a la luz más acusaciones de otros estados en su contra  y se vuelve más difícil creer en su inocencia.

Más tarde, Ted escapa varias veces de prisión y nuevas acusaciones irán mostrando la picardía del asesino, así como el agobio de Liz, quien con cada nueva revelación irá acercándose a la locura. Finalmente, Ted es detenido en Florida y la segunda mitad de la película se enfoca en su juicio (el primero televisado nacionalmente en Estados Unidos). Somos testigos de la extraordinaria personalidad y belleza física de Ted, características de los psicópatas y psicópatas funcionales sin importar que sean hombre o mujer. Y poco a poco vamos viendo la crisis existencial que vive Liz, quien no puede romper el nexo que la liga al psicópata manipulador que es Ted.

El tercer acto cierra de una manera extraordinaria. A pesar que la leyenda de Ted Bundy es vox populi, la película omite la violencia excesiva hasta el final del segundo acto, cosa que funciona de maravilla ya que el protagonista de la historia no es Ted, sino Liz.

Ted Bundy: Durmiendo con el asesino da gratas sorpresas y parte de las críticas que ha recibido se deben a que no es un filme tradicional de asesinos seriales. Aquí, la historia se narra a través de la pareja emocional (no del asesino), que lucha para enfrentar la realidad de los eventos. La batalla de Liz es contra las herramientas de manipulación, control y victimización que emplea Ted para mantenerla a su merced.

Lily Collins como la pareja “eterna” de Ted Bundy da una majestuosa actuación. Es una madre y mujer que fue engatusada por un maestro de la mentira y la manipulación, cosa con la que cualquiera en la audiencia puede identificarse. Sin embargo, el tercer acto revela un aspecto de ella que la quita del rol de total indefensión y le da un golpe emotivo a la trama que estremece al espectador.

Sería irresponsable omitir la gran actuación de Zac Efron que nos hipnotiza y hace entender cómo Ted pudo mentirle tanto a Liz y a sus víctimas.

Ted Bundy: Durmiendo con el asesino  no es la mejor película de asesinos seriales, pero tiene un lado muy original y se basa en la visión de una de sus víctimas, cosa que es muy refrescante. Sobresalen las buenas actuaciones y dirección, así como el soundtrack que reconstruye muy bien la época de los años 70 en la que ocurrieron los eventos.

Vale la pena verla.

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