El pasado 9 de agosto se estrenó la tercera temporada de GLOW (Estados Unidos, 2019) en la que el  mundo de la televisión ya está en el pasado para las chicas que llevan un par de semanas con su espectáculo en un hotel de Las Vegas. Eso sí, los problemas y los chistes siguen presentes.

Las Vegas es reconocida por sus numerosos espectáculos donde los espectadores disfrutan de alimentos y bebidas en un ambiente de restaurante. Todo es glamoroso y emocionante a primera vista, pero si uno mira atentamente puede ver el otro lado de la moneda.

Las chicas llevan semanas viviendo en el hotel Fan Tan, cosa que involucra comer la misma comida de buffet todos los días, dormir en habitaciones sin personalidad y sentirse forasteras continuamente.

Debbie (Bethy Gilpin) vive conflictuada por estar lejos de su bebé mientras disfrutan de su nueva vida sexual libre de todo compromiso.

Ruth (Alison Brie) comienza a aceptar que se siente atraída por Sam (Marc Maron) quien, después de varios años, por fin escribe un nuevo guión.

Cada una de las chicas cuenta con un arco dramático muy bien narrado: desde uno que lidia con problemas de espalda por la edad (lo cual es un gran problema para alguien que vive de las luchas), hasta la exploración de la identidad sexual.

El éxito de la serie radica en el brillante elenco de personajes y su vida como grupo. Cada una de las chicas tiene sus propios dilemas y la tercera temporada profundiza en ellos sin perder ese “espíritu” de camaradería y de lucha por perseguir sus sueños.

Cabe mencionar que la tercera temporada se siente más lenta que las anteriores y mucho se debe a que se le dio prioridad al drama personal.

En series que duran numerosas temporadas es normal que se dé esta desaceleración. Los personajes ya son más familiares al espectador y, por ende, queremos saber más de ellos, pasan del estereotipo a la profundidad y, bien logrado, le da más chispa a la serie, creando una mayor conexión con el público.

GLOW sigue siendo una comedia que recrea la década de los ochentas a la perfección, desde los atuendos hasta la música y la situación mundial. En el primer episodio abren con un chiste de humor muy negro que lo resume perfectamente: Ruth, en su personaje de “Zoya the Destroya” (la villana soviética), está dando una entrevista donde se burla del programa espacial de los Estados Unidos, en particular del transbordador Challenger que está despegando en ese mismo instante. Segundos después de sus chistes, la nave se desintegra. Ruth no puede ocultar su horror y vergüenza y por el resto del episodio se siente muy mal.

Cuando, Carly Mensch y Liz Flahive (guionistas y productoras) estaban buscando crear una serie centrada en personajes femeninos, poco se pudieron imaginar el éxito que ha logrado GLOW. Su dominio del humor y de lo que es la amistad, sin perder el enfoque de la injusticia en contra de las mujeres en el tema laboral, hacen que sea una serie atractiva para todo tipo de audiencia.

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