por Jerónimo Arellano Zandi

El tiroteo de Columbine en Texas, EUA, ocurrió hace ya 20 años, pero las masacres en Estados Unidos no han cesado.

El documentalista Michael Moore retomó el tema en su momento para crear el documental Masacre en Columbine (Estados Unidos, 2002), donde plantea preguntas y temas que siguen siendo relevantes al día de hoy, especialmente tras los dos tiroteos que sacudieron al país del norte hace un par de días.

Hoy más que nunca, es relevante volver a analizar y meditar acerca de las reflexiones que se hacen en el documental de Moore.

Masacre en Columbine es una búsqueda por parte del director para entender las causas de la tragedia ocurrida en la preparatoria Columbine el 20 de abril de 1999.

Los estudiantes Eric Harris y Dylan Klebold mataron a 12 estudiantes y a un profesor antes de suicidarse. Los jóvenes utilizaron armas de alto calibre y bombas improvisadas que, afortunadamente, no explotaron durante su ataque.

Michael Moore, quien también aparece en el documental, nos lleva en una travesía alrededor de los Estados Unidos tratando de desmenuzar las posibles causas detrás del ataque y por qué la sociedad estadounidense está obsesionada con las armas de fuego.

Al inicio del documental, Moore narra cómo los dos atacantes fueron a su clase de boliche antes de perpetrar el ataque (de ahí el título en inglés). Este hecho sorprende al realizador, no entiende cómo pudieron asistir a los bolos para, horas después, cometer un crimen de tal magnitud. Otros estudiantes que iban a la misma clase describen a los atacantes como “solitarios”.

Masacre en Columbine inicia con los atacantes y los problemas que acechan al ser humano durante la adolescencia. ¿Eran buleados en la escuela? ¿Los videojuegos los volvieron violentos? No satisfecho con la información que obtiene al entrevistar a la comunidad escolar y habitantes de la ciudad, Moore comienza a tratar con un tema más grande y de mayor profundidad: la cultura de las armas en los Estados Unidos.

Para lidiar con este tema, entrevista a milicias de Michigan, visita un  banco que regala rifles cuando uno abre una cuenta con ellos, y entrevista a un director de Lockheed Martin, empresa de aeronáutica y defensa que tenía sede en Colombine,  acerca de la posible influencia de sus productos bélicos en el psique de los atacantes.

La respuesta que obtiene en general es que los estadounidenses tienen temor de ser atacados por el otro. La población está asustada, teme por su seguridad y, por ende, se arman. Moore encuentra cierto elemento de neurosis en esta creencia y lo demuestra con un montaje magistral hecho con tomas reales de varios golpes de Estado o guerras que Estados Unidos ocasionó mientras suena la hermosa canción What a wonderful world de Louis Armstrong. Ironía en su máxima expresión.

Cerca de la recta final del documental, Moore viaja a Canadá, un país donde los habitantes también tienen una fijación con las armas, pero no sufren una epidemia de balaceras. Lo que el documentalista encuentra aquí reafirma la tesis: el gobierno estadounidense y los medios crean un ambiente de terror. Muchas de las noticias en EUA se enfocan en actos de violencia y de peligro o, en otras palabras: “ si no sangra, no vende”.

Finalmente, el documental cierra con una entrevista al legendario actor Charlton Heston (Ben-Hur, Planeta de los Simios, Cuando el destino nos alcance), quien en su vejez se volvió uno de los líderes del NRA (Asociación Nacional del Rifle) asociación que está en contra de la regulación de armas de fuego. Dicha entrevista llega a su fin cuando el actor se incomoda en el momento en que  Moore le pregunta sobre otra tragedia en la que un niño de seis años disparó un arma contra una niña de casi la misma edad.

El documental es rápido y Moore tiene un estilo de entrevista muy casual, aunque a veces carece de seriedad. Como documentalista, Moore se guía más por el corazón que por la mente, pero justamente esa “inocencia” le permite lidiar con temas complejos con una frescura que atrae un público  que generalmente no ve documentales.

Masacre en Columbine fue laureada en el festival de Cannes y ganó el Óscar por mejor largometraje documental en el 2003 y Criterion Collection sacó una edición de aniversario.

Hoy, destacan las palabras de Marilyn Manson cuando Moore le pregunta: “Si pudieras decirle algo a los chicos de Columbine, ¿qué les dirías?”,  el roquero responde: “No les diría una sola palabra. Escucharía lo que ellos tienen que decir, y eso es lo que nadie hizo.”

¿Podríamos aplicar lo sugerido por Manson a Patrick Crusius, el perpetrador del ataque del pasado 3 de agosto en El Paso, Texas? Sus  antecedentes son distintos a los de los jóvenes de Columbine, empezando porque en este caso destaca un fuerte elemento de racismo y supremacía blanca.

Aún así, vale la pena preguntarse: ¿qué lleva a un ser humano a cometer actos tan atroces contra otros? La siniestra sombra de la violencia permanece con nosotros y es vital comprender su naturaleza.

 

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