por Jerónimo Arellano Zandi

Cincuenta años después de la creación de la obra maestra del legendario director japonés Akira Kurozawa, Los siete samurái (Japón, 1954), el estudio Gonzo sacó Samurai 7  (Japón, 2004), un reboot en ánime de la cinta que ya puedes ver en Netflix.

La trama de Samurai 7 es muy fiel a la película original pero con algunos cambios.

La acción ocurre en un mundo futurista donde elementos medievales se mezclan con robots, mechas, naves voladoras y otros elementos de la ciencia ficción.

Años antes de que comience la historia, hubo una guerra que destruyó gran parte  del reino. De este conflicto, “los mercaderes” terminaron siendo la clase dominante mientras que los samurái cayeron en el desempleo. Dentro de esta clase guerrera hubo algunos que renunciaron a su humanidad y se transformaron en máquinas. Este grupo ahora se dedica al bandidaje.

El modus operandi de los bandidos es atacar las aldeas de campesinos, robarles el arroz y secuestrar a sus mujeres.

Una aldea decide defenderse ya que se rehúsan a seguir pasando hambre. Sabiendo que no son rivales para los bandidos, optan por contratar a samurái. Esto no es una tarea sencilla ya que los samurái eran una clase social alta y no aceptarían arroz, que es lo único con que los campesinos pueden pagar, como recompensa, sin embargo, el hambre es canija y la causa es justa.

Kirara, la sacerdotisa de la aldea, va a la gran ciudad junto con otros dos aldeanos para reclutar a los samurái.

Mientras que la aldea pertenece a la era medieval japonesa, la ciudad es futurista. Grandes estructuras y fábricas junto a robots y clones.

Parte del éxito de Los siete samurái fue que Kurusawa usó siete arquetipos para caracterizar a los personajes y Samurái 7 los rescata puntualmente; de hecho, profundiza más.

Los arquetipos son: el viejo, el joven, el bufón, el amigo, el espadachín, el glotón y el loco.

El primer samurái que decide ayudarles, aunque al inicio no es aceptado por los demás por su falta de experiencia es Katsushiro, el joven. Él busca crecer como guerrero y sigue fielmente el código samurái.

Sin embargo, el primer éxito del reclutamiento es cuando se les une Kambei, el viejo, un veterano guerrero y gran espadachín que por su experiencia se vuelve el líder natural del grupo. Es un personaje muy profundo ya que jamás peleó en un bando ganador y carga un gran remordimiento por la pérdida de casi todos sus camaradas a lo largo de los años.

Una vez reclutados los siete, todos regresan a la aldea donde proceden a enseñar a los campesinos a pelear, fortifican el sitio y hacen los preparativos para el eventual choque contra los bandidos.

Una de las maravillas de la trama es que se critica la estructura social: los aldeanos que son considerados atrasados y supersticiosos y se señala cómo las demás clases abusan de ellos despojándolos de sus pocas pertenencias, volviéndolos miedosos y sospechosos de los demás.

Los samurái también son obligados a reflexionar acerca de sus privilegios y de los abusos que cometían contra las clases por debajo de ellos.

En resumen, Samurai 7  cuenta una gran historia con personajes a la altura, además, hay que agregar la gran calidad de la animación; las peleas son impresionantes y la escenografía es una belleza visual.

De la mano de esto va la música, compuesta por Kaoru Wada y Eitetsu Hayashi, quienes apostaron por música tradicional japonesa. El uso de taikos (percusiones) eleva la tensión en las escenas de acción y el shamisen (instrumento de cuerdas) hace idílicas las escenas tranquilas.

La recomendamos seriamente si son fans del ánime o de la película de Kurusawa.

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