por Hugo POke Juárez

¡Por fin! Después de mucho esperar (porque desde niño soy fan de Chucky) se estrenó en México la nueva versión de El muñeco diabólico, pero no te vayas por la apariencia: este muñeco y su nueva película no son lo que parecen.

De entrada, algo muy importante: esta película es una comedia, no es horror ni mucho menos terror. Solamente si eres muy impresionable puede ser que de pronto algunos de sus sustos banales te hagan brincar, o que sus escenas “sangrientas” te hagan voltear para otro lado, pero no vayas al cine creyendo que la nueva versión de Chucky es una película “de espantos”.

Además, esto no es un simple “remake” y ya, sino que se trata de una reinvención casi total, causada por la tecnología y la inteligencia artificial. ¿Pero de qué va? Karen, una mamá millennial, le regala a su hijo Andy un muñeco que alguien regresó a la tienda donde trabaja porque “sus ojos son rojos y no funciona bien”. Raro, ¿no? Andy lo acepta medio a fuerzas, porque él ya es todo un prepuberto y ya no juega con muñecos. Sin embargo, poco a poco Chucky “se va ganando” la confianza de Andy y éste, como es un niño sin amigos que acaba de mudarse a otra ciudad, comienza a ver al muñeco como su mejor amigo, llevándolo a todas partes, “enseñándole” todo cuanto pueda y haciéndolo parte de su intimidad…

Antes de pasar al caos, es importante nmencionar que hay varias cosas que no checan si viste la película original de 1988: de entrada, la mamá es más joven, Andy no es un niñito y Chucky sigue funcionando con pilas, pero ahora es un tipo de robot que se conecta a internet, “aprende” con inteligencia artificial y controla otros aparatos. Imagina que es el hijo que Siri y Alexa abortaron. Además, ni tiene nada de “diabólico” (muy mala elección de título).

Revelar aquí la forma en que “se descabecha” y comienza a matar sería un gran spoiler, pero simplemente quédate con que las cosas comienzan a salir mal, y con que Andy y sus amigos (¡sí, después consigue unos amigos!) deberán detenerlo, muy al estilo de las aventuras infantiles de los 80, antes de que haya más muertes.

Si llegaste hasta aquí y pasaste por alto la aclaración del principio, déjame recordártela: esta película es comedia. Una vez que te queda claro y aún así quieres verla, te doy más detalles: su humor es eminentemente gringo, irreverente, simplón, ridículo, fácil, con algunos tintes políticos, al que prácticamente le faltan los pastelazos y ya (¡creo que acabo de describir toda la cinta!). Si eres fan de este tipo de humor insulto e idiota, ¡la amarás!

Ahora, si eres fan de todas las películas de Chucky, debes saber que el humor de esta reinvención es diferente al de las anteriores, en las cuales el muñeco era todo un personajazo: cínico, sádico, casanova, terminator, rockstar, empoderado, satánico y papá luchón. En la nueva versión, el gran peso del humor recae en los otros personajes y no es tan cínico. De hecho, Chucky (cuya voz refleja el estupendo trabajo de Mark Hamill) pierde protagonismo para cedérselo a Andy, cuyo intérprete (Gabriel Bateman), por cierto, es de lo mejor de la película: creíble, carismático y bien dirigido.

Ojo: si eres purista de Chucky (¿existe ese tipo de purista?), no veas esta película porque vas a hacer muchos corajes, a menos que entiendas que vivimos en una época de remakes y reinvenciones y que éstos nunca serán iguales al producto original.

La nueva versión de “El muñeco diabólico” es un bodrio, pero si sabes a lo vas y pones el cerebro en neutral, te hará reír auténticamente y la disfrutarás más de lo que crees, porque (nunca pensé decir esto) es realmente entretenida de principio a fin.

Vamos a poner un punto y aparte radical: pongámonos serios.

El guion de la película corrió a cargo de Tyler Burton Smith, el mismo que escribió el del videojuego de 2016 “Quantum Break”, de Remedy, el estudio detrás del aclamado “Alan Wake”. En su texto, quitando lo ridículo de la trama y los pésimos chistes, Burton hace una reflexión acerca de lo que le estamos enseñando a las máquinas y cómo su proceso de aprendizaje se podría ver afectado por el evidente hecho de que no tienen sentimientos ni entienden cosas no literales como el sarcasmo, la ironía, la mentira o las metáforas.

Tampoco pensé decirlo jamás, pero me dejé llevar por esta película y salí del cine con mucho que pensar sobre temas que me apasionan, ¡y hasta la quiero volver a ver! Sorpresas te da la vida…

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